martes, 20 de agosto de 2013

Los viejos no tienen tanta sensatez como han tenido

FLUIDO BÁSICO
HIEL O BILIS AMARILLA
FLEMA
SANGRE
BILIS NEGRA
ELEMENTO
Fuego
Agua
Aire
Tierra
CALIDAD
Calor, sequedad
Frío, humedad
Calor, humedad
Frío, sequedad
PLANETA
Marte
Luna
Júpiter
Saturno
SÍNTOMA
El fiero
El astro acuoso
La amable
El antiguo dios
INFLUENCIA
Inflamante
Inundante
Benéfica
Desdichada
VIENTO
Euro
Austro
Céfiro
Boreas
DIRECCIÓN
Oeste-este
Norte-sur
Este-oeste
Sur-norte
ESTACIÓN
Verano
Invierno
Primavera
Otoño
FASE DIARIA
Mediodía
Noche
Mañana
Atardecer
EDAD DE LA VIDA
Madurez
Vejez
Juventud
Senectud
TEMPERAMENTO
Colérico
Flemático
Sanguíneo
Melancólico
ÓRGANO TÍPICO
Hígado
Páncreas
Corazón
Bazo
SEMBLANTE
Esbelto-curtido
Obeso-pálido
Recio, tez rubicunda
Delgado, piel oscura
CARÁCTER
Irascible, belicoso
Hipócrita, indolente
Amable, sociable
Triste, huraño
VICIOS
Soberbia, discordia
Gula
Lujuria
Desesperación, avaro
PROFESIÓN
Milicia
Comercio
Artes liberales
Monje, agricultura
ANIMAL
El gato
El Buey
El conejo
El alce
ENFERMEDAD
Herida, flagelo
Hidropesía
Venéreas
Demencia
COLOR
Amarillo
Blanco
Rojo
Negro


WILLIAM SHAKESPEARE
(Stratford-upon-Avon, Warwickshire, Reino Unido, 1564-ib., 1616)
Del soliloquio de Jaques en el Acto II, escena VII de "Como gustéis" (As You Like It). 

El mundo es un gran teatro,
y los hombres y mujeres son actores.
Todos hacen sus entradas y sus mutis
y diversos papeles en su vida.
Los actos, siete edades. Primero, la criatura,
hipando y vomitando en brazos de su ama.
Después, el chiquillo quejumbroso que, a desgano,
con cartera y radiante cara matinal,
cual caracol se arrastra hacia la escuela.
Después, el amante, suspirando como un horno
y componiendo baladas dolientes
a la ceja de su amada. Y el soldado,
con bigotes de felino y pasmosos juramentos,
celoso de su honra, vehemente y peleón,
buscando la burbuja de la fama
hasta en la boca del cañón. Y el juez,
que, con su oronda panza llena de capones,
ojos graves y barba recortada,
sabios aforismos y citas consabidas,
hace su papel. La sexta edad nos trae
al viejo enflaquecido en zapatillas,
lentes en las napias y bolsa al costado;
con calzas juveniles bien guardadas, anchísimas
para tan huesudas zancas; y su gran voz
varonil, que vuelve a sonar aniñada,
le pita y silba al hablar. La escena final
de tan singular y variada historia
es la segunda niñez y el olvido total,
sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada.

*Este famoso soliloquio es expresado por el melancólico Jaques/Jaime. Comparando a la vida con una obra de teatro, coloca en el catálogo las siete etapas del crecimiento: infante, escolar, amante, soldado, justiciero, pantalonero, y segunda niñez – "sans teeth, sans eyes, sans taste, sans everything".
**
Otra versión

“… Todo el mundo es un teatro, y todos los hombres y mujeres meramente actores.
Tienen sus salidas y sus entradas, y un solo hombre en su tiempo hace muchos papeles, y sus actos son siete edades.
Al principio, el niño, berreando y vomitando en brazos de la nodriza.
Después el quejumbroso escolar, con la mochila y el brillante rostro matutino, arrastrándose como un caracol de mala gana hacia la escuela.
Y después el amante, suspirando como un horno, con una dolorosa balada hecha a las cejas de su amada. Después un soldado, lleno de extraños juramentos, y barbado como el leopardo, celoso en el honor, brusco e impetuoso en la reyerta, busca la burbuja de la fama en la boca misma del cañón.
Y después el magistrado, con su linda barriga redonda de buenos capones rellena, con ojos severos y barba bien recortada, lleno de sabios refranes y ejemplos presentes, y así hace su papel.
La sexta edad cambia al blando pantalón con pantuflas, con gafas en la nariz y la faltriquera al lado, con los calzones de su juventud bien guardados, anchos como el mundo para sus encogidas zancas, y su gran voz viril volviendo de nuevo hacia el tiple pueril, con gaitas y pitos en su sonido. Última escena de todas, que termina esta extraña y movida historia, es la segunda infancia y el mero olvido, sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada…”
***
SAN ISIDORO DE SEVILLA
(España, 556–636)

"La primera edad es la infancia, en la que nacen los dientes, y esta edad comienza en el nacimiento del niño dura hasta los siete años, y en esta edad al nacido se le llama infante, que equivale a decir el que no habla, porque en esta edad no puede hablar bien y formar perfectamente sus palabras, ya que aún no tiene los dientes bien ordenados ni firmes.

Después de la infancia viene la segunda edad... tiene por nombre pueritia, y es llamada así porque en esta edad está igual que está la pupila en el ojo, y esta edad dura hasta los catorce años. Sigue a continuación la tercera edad llamada adolescencia porque la persona es lo suficientemente adulta para engendrar. En esta edad, los miembros son flexibles y está preparados para desarrollarse y recibir fuerza y vigor por el calor natural. Y por esta razón la persona crece en esta edad tanto que alcanza el tamaño que la naturaleza le debe.

A continuación viene la juventud, que ocupa el lugar central entre las edades y, sin embrago, la persona se encuentra en plenitud de su fuerza, y esta edad dura hasta los cuarenta y cinco años. Esta edad es llamada juventud por la fuerza que tiene el hombre para ayudarse a sí mismo. Sigue después la senecté que está en medio de la juventud y la vejez; y en esta edad la persona no está vieja, pero ha pasado la juventud.

Después de esta edad viene la vejez que según unos dura hasta los setenta años y según otros no termina hasta la muerte. Vejez, es llamada así porque las gentes que en ella se encuentran están ansiosas ya que los viejos no tienen tanta sensatez como han tenido y dicen tonterías en su vejez...

La última etapa de la vejez es la senies, el anciano está lleno de tos y de esputos y de inmundicia hasta el momento en que vuela a las cenizas y al polvo de donde ha salido"

Tomado de Vejez y Enfermedad en el Arte. González López F. 2004.
***
VICENTE RIVA PALACIO
(México, 1832-1896)

LA VEJEZ

Mienten los que nos dicen que la vida
Es la copa dorada y engañosa
Que si de dulce néctar se rebosa
Ponzoña de dolor guarda escondida.

Que es en la juventud senda florida
Y en la vejez, pendiente que escabrosa
Va recorriendo el alma congojosa,
Sin fe, sin esperanza y desvalida.

¡Mienten! Si a la virtud sus homenajes
el corazón rindió con sus querellas
no contesta del tiempo a los ultrajes;

que tiene la vejez horas tan bellas
como tiene la tarde sus celajes,

como tiene la noche sus estrellas.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char