jueves, 18 de octubre de 2012

Parecer azorada sabiamente padecer encaje a medio rasgar

Tomada de jesusfelipe.es
SUSANA VILLALBA
(Buenos Aires, Argentina, 1957)

¡Oh, mi mejor amiga y mi prometido!

tienen el agrado el buen gusto de invitar a usted a su menage a trois que se realizará vaya a saber si usted querrá quitarnos el vestido o recoger el guante un desafío contra solteros una liga azul con una rosa el vello púbico un ángel es justo lo que necesitamos bajo el atrio saludarán trompetas de extravío tulipanes y un poco de hasch si usted aporta un escenario casi agónico su andrógino sine qua non que sienta miedo casi tiemble pero sonría de una manera azul el tono de sus ojos y la mejilla translúcida esmeralda recorrerá la espina hasta la cera de sus muslos comience a enrojecer pero no pierda el terciopelo comience a retorcerse como una verdadera cascabel en el tobillo haga sonar la esclava dejarse arrinconar bajo la ducha heno de pravia combinando el flujo rabioso de la savia ambarina el vetiver y la lavanda precisa en su escultura de mayólica la espalda atormentarnos con un pie tallado a una sandalia parecer azorada sabiamente padecer encaje a medio rasgar bretel caído casualmente andar a gatas y estirarse perezosamente un garabato de rouge volverse cada tanto a un contrapunto imaginario amodorrada rodar una cereza dejase trenzar hebra de oro y alelíes con el gesto de la ceja soberbia un ópalo perfecto acostumbrada al cortejo del agua la axila oliendo a nuez moscada un tallo de romero en la boca y luego en otros labios entre amargo y fascinada de tanto olor a esas alturas dominando apenas oro sin sombra de strass el natural aroma de suplicio naciendo del mar con túnica adherida desgarrando el no rebelde en un gemido de auténtica perla que lleva el placer como una piel de nacimiento alrededor de su propio corazón condescendiente brillando al exterior para no arder y porque sí

(de Susy secretos del corazón. Reedición Editorial Ruinas Circulares, octubre 2012)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char