lunes, 24 de septiembre de 2012

Creo que hay luz

Créd.: Diana Barros

GEORGE OPPEN
(Oppenheimer, originalmente su apellido) 
(Nueva York, EE.UU., 1908-California, id., 1983)

Claro, a mí tampoco me gusta la poesía (de hecho, no me gusta el arte,
excepto como último recurso.
             o no debería sonar así
de ignorante.
         Si me resulta más fácil pensar con profundidad fuera del poema que en el poema, entonces, los versos me resultan irritantes.

Las imágenes; pequeñas narraciones dentro del poema

Piedra, piedra, estamos condenados a estar juntos, uno con el otro,
mientras existamos

[en George Oppen. Selected Prose, Daybooks, and Papers. Berkeley, LA, London: University of California Press, 2007.]
***
El poema

Una poesía del significado de las palabras
y un vínculo con el universo

Creo que no hay más luz en el mundo
que el mundo

y creo que hay luz

[en George Oppen. New Collected Poems. NY: New Directions, 2008]
***
2

Así habló de la existencia de las cosas,
un panteón incontrolable,

absoluto, pero dicen
árido.

Una ciudad de sociedades anónimas

acristalada
en sueños

e imágenes—

y el puro gozo
del hecho mineral

aunque es impenetrable

como el mundo, si es materia,
es impenetrable.

[poema incluido en el libro
George Oppen. New Collected Poems. New York: New Directions, 2002]
***

La orilla del océano,
la costa: aquí
el césped de alguien,
junto al agua

[en George Oppen. New Collected Poems. New York: New Directions, 2008]
Tomados de dandolavoz.blogspot.com.ar
Versiones de Marcos Canteli
***
Desde el desastre

Últimamente el aire
es apenas luz solar donde debieron hallarse
valores líricos. Del desastroso

naufragio, familias enteras se arrastraron
hasta pensiones y ahí

sobrevivieron en la moral
de la esperanza

que según los hijos
agota su metafísica
en los jardincitos de casa.

Versión de Francisco Bitar y Gerardo Jorge en No Retornable 
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char