sábado, 5 de mayo de 2012

Aviso: mediante un mail, Nurit Kasztelan me comunica que reniega de los poemas que publiqué en la entrada de hoy. Cito a la autora: "Te agradezco por el gesto, sin embargo, son poemas hiper viejos de mi libro anterior u otros que quedaron en el camino que no llegaron a libro de este que sale ahora
y algunos, sobre todo el primero o el tercero, reniego de ellos". 
Consciente de que alguno pertenece a un libro anterior, decidí, porque los encuentro buenos, darlos a conocer. Cualquier autor es dueño de renegar de su obra pero considero que lo publicado es un hecho al que debiéramos, valga la rima, hacerle pecho. De todas maneras, respeto su pedido y eliminaré dicha entrada. Irene Gruss

2 comentarios:

EMMAGUNST dijo...

Irene, espero poder verte en Córdoba en los próximos días! Te dejo un abrazo!!!

(publiqué La Molienda (2007) de Nurit...allá por el 2010, pero no lo sacaría si me lo pidiese, porque a mí me gusta mucho)

;)

Sebastián Lalaurette dijo...

Es frustrante desde el lado del editor que suceda esto. A mí me pasó, también, cuando editaba "Sismo Trapisonda": en los días previos a la salida del último número una artista retiró todas sus fotos argumentando que "ya no se hallaba" en ellas. En este caso el material era inédito, pero había sido entregado varios meses antes... uno diría que ese es el momento en que el artista abandona su obra al mundo: cuando la entrega a otros, no cuando se publica.

(Yo respeté, también, la decisión de la fotógrafa y cambié las fotos. Pero el último número de la revista fue último, en parte, por este tipo de cosas.)

En fin, pero lo hecho, hecho está, o así debería ser. Aunque los artistas son (somos) seres perseguidos por toda clase de incertidumbres y arrepentimientos, y a veces hay que entenderlos. ;)

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char