viernes, 19 de julio de 2013

Bellísimas estatuas de héroes dolorosos

FRANCIS PONGE
(Montpellier, 1899-Bar-sur-Loup, Francia, 1988)

Cuaderno del bosque de pinos 
(Fragmentos)

21 de agosto de 1940

Hablemos nada más: cuando se penetra en un bosque de pinos, en un verano de gran calor, el placer que se siente es muy semejante al que ofrecería el tocador contiguo al baño de una salvaje aunque noble criatura. Brucería olorífera en una atmósfera recalentada y en los vapores que suben de la bañera lacustre o marina. Cielos como trozos de espejos a través de los cepillos de largos mangos finos cincelados de liqúenes. Olor sui generis de los cabellos, de sus peines y de sus horquillas. Transpiración natural y perfumes higiénicos mezclados. Abandonadas sobre la mesita del tocador, gruesas piedras ornamentales aquí y allá, y en las cimbras ese chisporroteo animal, este millón de centellas animales, esta vibración musical y canora.

Cepillos y peines a la vez. Cepillos donde cada pelo tiene la forma y el brillar de un diente de peine.
¿Por qué ha elegido ella cepillos de pelo verde y mangos de madera violeta cincelados de liqúenes verde gris? Porque esta noble salvaje es quizás pelirroja, y se sumergirá luego en la bañera lacustre o marítima contigua. Este es el tocador de Venus, con la bombilla Febo instalada en la pared de espejos.

He ahí un cuadro del que no estoy descontento, ya que da razón de un placer que todo hombre siente al penetrar, en agosto, en un bosque de pinos. Un poeta menor, y hasta un poeta épico, se hubiera quizás contentado con esto. Pero somos algo distinto a un poeta y tenemos algo distinto que decir.

Si hemos entrado a la intimidad de esos aposentos privados de la naturaleza, si gracias a ello han tenido la suerte de nacer a la palabra, no ha sido únicamente para que diésemos antropomórficamente razón de ese placer sensual ; es porque de ello deriva un co–nacimien–to más serio. Vayamos pues más a fondo.
***

En resumen, ¿qué es una selva? –A la vez un monumento y una sociedad. (Como un árbol es a la vez un ser y una estatua.) Un monumento vivo, una sociedad arquitectónica.
Pero ¿acaso son los árboles seres sociales? Nótese que ciertos árboles están más dispuestos que otros a vivir en sociedad. Por la pesadez de sus semillas, pero transportables pues por el viento y destinadas a caer al pie del padre o a muy poca distancia. En particular, la piña del pino, la bellota de la encima, todos los árboles de frutos gordos: manzanos, naranjos, perales, limoneros melocotoneros, almendros, olivos, palmas datileras.
Otros están más dispuestos a ello por la enorme cantidad de flores, y, por lo tanto, de semillas tan bien que fatalmente quedan algunas a sus pies: pienso en la acacias.
Los árboles de bayas pequeñas, que evidentemente, son las aves las encargadas de su diseminación: cerezos serbales, etc.
Otros están visiblemente predispuesto a la vida más o menos solitaria por el carácter indudablemente cólico de sus semillas: en especial, los arces (en parejas).
Es lo que a nuestro pino atañe, es probablemente, pues, un árbol social por naturaleza. ¿A qué distancia es lanzada la semilla en el momento en que la piña se abre (¿lo hace bruscamente, como la vaina de la vecina retama?) ¿Acaso se ha medido esta distancia? ¿Qué resultado le da al pino su calidad de árbol social? ¿Hablaremos de deberes y derechos? ¿Por qué no? Deberes: el de supeditar su libertad de desarrollo a la de sus vecinos; de hecho, se ve muy coactado por ellos, y no parece que aquí la fuerza del individuo cuente mucho, aunque evidentemente mucho su edad; hay prioridad de la edad, etc., etc.
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Variación

Variante
Cepillería alpina –rodeada de espejos–
Fronda de pelos verdes con los mangos morados...
Sobre el tapiz en suelo elástico y bermejo
De horquillas oloríferas
Sacudidos allí por negligentes cimas
En la penumbra cálida toda de sol manchada
Seca pronto la ninfa al salir de la bañera
O lacustre o marina a un lado humeante
Bajo esas cintas tendidas de tejido sin sueño"

(25–26 de Agosto de 1940, Francis Ponge, Cuaderno del bosque de pinos)
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4 de septiembre de 1940

En el pino hay una abolición de sus expansiones sucesivas (en el pino de los bosques sobre todo) que corrige afortunadamente, que anula la habitual maldición de los vegetales: tener que vivir eternamente con el peso de todos sus gestos de la infancia. –A este árbol, más que a otros, le es permitido separarse de sus desarrollos antiguos. Tiene licencia de olvido. Cierto es que los desarrollos siguientes se parecen mucho a los antiguos, caducos. Pero que aquí no quede. El gozo es abolir y recomenzar. Además, esto ocurre siempre más arriba. Parece que algo se haya ganado.
Es posible que aún queden dudas.
Todo esto no es nada serio.
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9 de Septiembre de 1940

La unión modificó estos seres que, solos, se hubieran hermosamente retorcido de desesperación o tedio (o éxtasis), que hubieran soportado todo el peso de sus gestos, lo que finalmente hubiera conformado bellísimas estatuas de héroes dolorosos. Pero su unión los ha liberado de la maldición vegetal. Tienen facultada de abolir sus expresiones primeras, licencia de olvido.
(Sujeción de las partes al todo. Sí, pero cuando cada parte es un ser, un individuo: árbol, animal [hombre], o palabra, o frase o capítulo – ¡entonces se vuelve dramático!)
Su unión también los protege del viento, del frío.
Solos, hubieran sido todo o nada, o tal vez sucesivamente uno después del otro: desarrollo perfecto hasta cierto punto – o atrofia, incapacidad de crecer a causa de los elementos adversos.
En sociedad el desarrollo se normaliza; además crea otra cosa: el "bosque".
Algunos pudieron pensar que la solución óptima sería criar a los jóvenes pinos en almácigas, y luego –sin por ello sacrificar ninguno– trasplantarlos de lugar en lugar para que cada cual consiga entonces su plena ocasión de desarrollo.
No obstante, convendría haberlos conservado en unión el tiempo suficiente como para que hayan adquirido ya la fuerza y la rectitud del tronco.
Mientras que al aire libre las ramas del pino se respetan mutuamente, se mantienen aisladas, no se enredan viciosamente (he aquí algo muy curioso, notorio), ¿sucede igual en la tierra de sus raíces? ¿Sería posible disociar un bosque por la base sin amputar peligrosamente cada individuo? ¿Quién sabe? ¿Quién quiere responderme? Esto es necesario para proseguir mi investigación..."
 *
"Un bosque de 40 años se llama oquedal sobre arbusto.
Un bosque de 40 a 60 años se llama medio oquedal.
Un bosque de 60 a 120 años se llama joven oquedal alto.
Un bosque de 120 a 200 años se llama oquedal alto.
Un bosque de más de 200 años se llama oquedal alto en regresión.
Así pues, todo este pequeño opúsculo no es sino (apenas) un "oquedal sobre arbusto."

FIN DEL BOSQUE DE PINOS
A PARTIR DE AQUÍ SE– SALE AL CAMPO
*** 
Correspondencia

DE G. A. AL AUTOR
Marsella, 7 de Marzo de 1941

(...) he entregado al "Jour" un artículo sobre el "oficio de poeta" que hará rechinar los dientes de los inspirados. Te lo enviaré... Y he preparado otro sobre la inspiración en cueros.
... tu bosque de pinos, Inútil –sí, útil– decirte que lo encontré apasionante...
Lo que tú has hecho, antes y durante, paso a paso, palabra a palabra, en el "Bosque de pinos" (un poco a la manera del "Journal des Faux Monnayerurs" respecto de la novela), lo hice yo, después, retrospectivamente, en la "Ballade du Dee–Why (que está en "Antée") –al estilo de los comentarios de Dante a los sonetos de la "Vita Nova", o de Poe en "El Cuervo", etc...
Creo que aquí hay dos tentativas emparentadas;... Si pudiéramos convencer a alguna revista para que las reuniera en una especie de número especial que podría llamarse por ejemplo, "Nacimiento del Poema",...
¿Qué te parece?"
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DEL AUTOR A M.P.
Roanne, 16 de marzo de 1941

... Sin duda tengo el espíritu perturbado por la primavera: la propuesta que he recibido de G. A. acerca del "Bosque de pinos" ha logrado casi enloquecerme. Te envío su carta...
¡No! G. A. no ha comprendido (evidentemente) que se trata, en el rincón de este bosque, mucho menos del nacimiento de un poema que de una "tentativa" (que dista mucho de exitosa) de "asesinato de un poema por su objeto".
¿Puedo prestarme a tal contrasentido? Honestamente, no lo creo.
F. P."
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DEL AUTOR A G. A.
Roane, 16 de marzo de 1941

Leí tu artículo en "Jour" (así llamado por antifrase). Te sigo hasta el momento en que se vuelve (en mi opinión un poco vagamente) positivo.
Primero: personalmente..., no creo relacionarme con tu crítica pues "no me considero poeta".
Segundo: ... sostengo que cada escritor "digno de ese nombre" debe escribir en "contra" de todo lo escrito hasta él..., incluso en contra de todas las normas existentes...
Por supuesto, y esto lo has captado bien, estoy tercamente imbuido de técnica. Pero soy partidario de una técnica por poeta, en incluso, en última instancia, de una técnica por "poema" –que determinaría su objeto.
 Otra cosa, a propósito de tu serie de artículos...: me parece que proponer en la actualidad lo que llamaría "medidas de orden" en poesía es hacer el juego a quienes proclaman: primero: "Hasta el presente hubo desorden", y segundo: "Nosotros somos quienes impondremos el orden": lo cual representa la impostura fundamental de nuestro tiempo...
Sentado esto, harás por el "Bosque de pinos" exactamente lo que mejor te parezca. Captas ahora que, en mi espíritu, de "ningún modo" se trata del nacimiento de un poema, sino más bien de un esfuerzo en contra de la "poesía". Y... en favor del espíritu que puede recibir con esto alguna lección, y aprehender algún secreto moral y lógico (según la "característica" universal, si quieres).
F.P."
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Roanne, 22 de julio de 1945

... Pues ¿qué entiendes tú por "oficio poético"? En lo que a mí se refiere, estoy siempre más convencido de que mi oficio es más científico que poético....
... En virtud de esto me reclamo combatiente en las filas del partido de las luces,... Se trata, una vez más, de coger el fruto prohibido, aunque desagrade a las potencias de la sombra, a Dios el innoble en especial.
Mucho que decir sobre ese oscurantismo que nos amenaza, de Kierkegaard a Bergson y a Rosenberg...
Por algo será que la burguesía en su LUCHA en contra del siglo XX nos preconiza el retorno a la Edad Media.
–Bueno...
Fielmente tuyo. 
F. P."
Traducción de Enrique Carrión
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char