domingo, 3 de marzo de 2013

La cama está hecha y la cena está servida

Vladimir Borovikovsky: Portrait of Germaine de Staël
DARÍO ROJO
(Eduardo Castex, provincia de La Pampa, Argentina, 1964)

Los antiguos llamaron sensación

a los hechos y objetos a los viajes:
el aleteo del sobretecho
de una carpa y los polígonos 

radiales que enriquecen
con educado vocabulario 
la representación de las coníferas.

En el recorrido de las sustancias

el comandante Wang estrelló
el contenido de su sartén
en una lámina donde aún quedan

gotas resecas de un material
anterior a las primeras palabras
que alguien hubiese pronunciado

en ese hogar. Escamas encostradas 
en la tierra de turistas. 
Una lata que se abre, un sobre

que es abierto, un relicario que
contiene cuatro fotos, una carpeta
en la computadora. La puerta

de par en par, ventana
con persiana que no baja

y al haber sintetizado ese instante
en que la vista posar no puede: 

¡Ginkgo biloba! 
o felpa de cornamenta 

de demonio doméstico, sintetizado
y encapsulado en carrocería de magnífico
metal, en goretex sin mácula

que a nonato llega solo en nombre.
El topo convoca a fuerzas auxiliares
de patrones presentes

en el aire circundante, un topo
cuyo corazón pertenece a sí mismo
y a las flores que el exterior orlan.

De La Sexta armonía (Inédito)
***
La moral vuelve el porvenir en presente. (Mme. de Staël)

Aunque pretendieses hacer de lo literal tu palacete pompeyano,
para que así la escena obtenga un tonto y un rufián,
sé que tus palabras nunca habitarán ni los frescos
ni las pintadas de Pompeya,

seguramente terminarán por agruparse en el trazado de un emblema
en donde algo que nunca se abrió pudo ser cerrado con inusual pulcritud.

En el futuro algún esmirriado botánico dedicará sus energías
a nombrar una figura semejante; cuando ese tiempo llegue,
entre pistilos y clorofila habrá algo que yo podré reconocer

por eso te estoy agradecido.
***
¡Ata tu zapato!

¿Sabrán los rumiantes, carpinteros de totoras que esas palabras
fueron lanzadas
en una esmerada cápsula de Murano mullida por trenzas de mellizas 
que se configura para aceptar una imagen descastada?

Ay… torpes mascaritas, si al menos bebieran con las manos enguantadas   
en vez de calzarse los tacones de los millonarios del salitre.
Y si así fuera, continuarían acaso encendiendo cebitas en cada torta
que su rostro abraza. 

Oxigenad con mísero esfuerzo el conducto adecuado al menos por un día, 
y que en ese lapso el paseo se realice a paso firme y bastón debidamente engarzado:
puño, puntera y sable; plata del 900; guapo, bacán o petitero.  

En ilustres decorados las joyas del lagarto se arrastran por la arena 
dibujando una perfecta ojiva de desagravio. No podrán verla.

Pero de todos modos, hoy es el gran día para televisar las acrobacias de los teros; 
que así sea. ¡Todos al mangrullo con la vianda y la carnada!

La cama está hecha y la cena está servida.

De Emblemata
**
Para leer algo más del autor, aquí
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char