jueves, 16 de agosto de 2012

A ninguna cosa por su nombre llama


EDUARDO AINBINDER
(Buenos Aires, Argentina, 1968)

La imprevisión

es falta de esperanza,
es desnivelar la balanza
pensar que nada le va a ocurrir
a quien propone mantener
una correspondencia con el mundo
en donde todas las faltas
y desatenciones intelectuales
corren por su cuenta y cargo,
además adopta los adjetivos
que menos corresponden al sujeto,
la falta de lógica más elemental;
a ninguna cosa por su nombre llama,
nombra en forma solapada a quien más ama
y aunque sea del todo impostergable
nada registra con apodo perdurable
e incólume, siempre igual a sí mismo
llama a la imprevisión con eufemismo:
“Despertar en lugares imprevistos,
ni siquiera en sueños entrevistos”.
***
Casa de citas

Durante el viaje -no hubo accidentes
en la ruta- salvo la chatarra
de mariposas muertas
pegadas al radiador del auto.
La luz de Rembrandt mantuvo despiertos
a otros insectos, quiero decir: las cosas
suceden a las cosas
con fe ciega: -rápidamente- un hotel
se levanta en el centro del campo
cuando bastaría con que
un cerebro encerrándose en sí mismo pudiera
pedir refugio de los propios pensamientos.
***
También las generaciones venideras

…objeto muerto del futuro
Horacio Castillo

tendrán su objeto muerto del futuro
a quien acudirán puntualmente a decir: “Tú me sobrevivirás”.
Sin temor a equivocarme, ya que permaneces innominada
en la lista de bajas del destino,
acudo a soplarte en la nuca: “Me sobrevivirás”.
Sin embargo, no soy un ingeniero,
puedo permitirme errores de cálculo,
soy el principal proveedor de esta tragicomedia,
¿no me creen? mejor así;
cuando las creederas y las asentaderas del gran público se juntan
ocurre lo peor; transformándose al tiempo en puras asentaderas,
hurtándole el procedimiento a la época
de practicar una lenta expiación
a través de un cristal de aumento
hasta en los actos que se cumplen
a puertas cerradas como la defecación,
si es que hoy en día tal acto no se cumple incontinenti
a la vista de todos, a la medida de cada uno.
Será –digo yo– por la corriente tendencia de la plebe
a desarrollarse en una síntesis superior
sólo de la cintura para abajo.
***
El malvado

Ante su tumba:
¿retrocederías como frente al mismísimo huracán,
o le reclamarías a viva voz por su vileza?
¿si fuera un pájaro lo llamarías pajarraco?
en todo caso si alguno viniera a increparlo
o a recriminarle por sus actos deberíamos contestar por él:
“¿Y tú quién te crees que eres; la cenicienta?;
entonces ve, cómprate una enorme calabaza
y haz de ella tu carruaje,
o en su defecto ten a un asno por mascota”
aunque la mansedumbre sin inteligencia
no es serenidad, otorga al cuerpo y al espíritu
una paz inservible.
Pero ahora que todavía se mueve y respira,
ocupado de la manera en que está
en hacer un daño tras otro
como otros estarán cerrando un libro que han terminado
e inmediatamente abriendo un nuevo libro;
por favor no lo interrumpas.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char