viernes, 14 de junio de 2013

Que pase algo pronto, aunque sean tiros

ANA FRANK

(Fráncfort del Meno, Alemania, 1929- campo de concentración de Bergen-Belsen, Alemania, 1945)

Fragmentos de su Diario

20 de junio de 1942
Mi padre tenía ya treinta y seis años cuando se casó con mi madre, que tenía veinticinco. Mi hermana Margot nació en 1926, en Frankfort del Meno. Y yo el 12 de junio de 1929. Siendo judíos cien por ciento, emigramos a Holanda en 1933, donde mi padre fue nombrado director de la Travis N.V., firma asociada con Kolen & Cía., de Amsterdam. (…) A raíz de las persecuciones de 1938, mis dos tíos maternos huyeron y llegaron sanos y salvos a los Estados Unidos. (…) Prohibición de los judíos de subir a un tranvía, de conducir un coche. Obligación para los judíos de hacer sus compras exclusivamente en los establecimientos marcados con el letrero de "negocio judío", y de quince a diecisiete horas solamente. Prohibición para los judíos de salir después de las ocho de la noche, ni siquiera a sus jardines, o aún de permanece r en casa de sus amigos. Prohibición para los judíos de ejercitarse en todo deporte público: prohibido el acceso a la piscina, a la cancha de tenis y de hockey o a otros lugares de entrenamiento. Prohibición para los judíos de frecuentar a los cristianos. Obligación para los judíos de ir a escuelas judías, y muchas otras restricciones semejantes. 
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8 de julio de 1942
Mamá ha ido a casa de los Van Daan para ver si podemos habitar desde mañana, nuestro escondite. Los Van Daan se ocultarán allí con nosotros. Seremos siete. En nuestro dormitorio, Margot me confesó que la citación no era para papá sino para ella misma. Asustada de nuevo, empecé a llorar. Margot tiene dieciséis años. ¡Quieren pues dejar ir solas a las muchachas de su edad! Afortunadamente, como mamá ha dicho, no irá.
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Jueves 19 de noviembre de 1942
Querida Kitty:

No nos hemos engañado con Dussel. Es una persona muy agradable. Por supuesto, estuvo de acuerdo en compartir conmigo el pequeño dormitorio; a decir verdad, no me entusiasma demasiado convivir de esa manera con un extraño, pero es menester que cada uno haga lo suyo, y yo soporto de buena gana este pequeño sacrificio. "Todas esas cosas carecen de importancia cuando podemos salvara alguien", dice papá, con razón.

Desde el primer día, Dussel me ha pedido toda clase de informaciones, tales como; a qué hora venía la sirvienta, cómo nos arreglábamos para el baño, y las horas de acceso al W.C. No hay por qué reírse: todo eso no es simple en un escondite. Durante el día se trata de no llamar la atención, con el fin de evitar que nos oigan desde la oficina, sobre todo si hay alguien de afuera, como la mujer que hace la limpieza: en tal caso, todas las precauciones son pocas. Yo se lo he explicado todo lo más claramente posible, pero —curiosamente— es un poco lento de comprensión; repite cada pregunta dos veces, y no retiene las respuestas. Confío en que eso pasará. Probablemente aún no se ha amoldado a un cambio tan brusco.

Por lo demás, parece que las cosas marchan.

Dussel tenía mucho que contarnos sobre el mundo exterior, del que nosotros no formamos parte desde hace tanto tiempo. Sus relatos son tristes. Muchos amigos han desaparecido, y su destino nos hace temblar. No hay noche en que los coches militares verdes o grises no recorran la ciudad; los alemanes llaman a todas las puertas para dar caza a los judíos. Si los encuentran, embarcan inmediatamente a toda la familia; si no, llaman a la puerta siguiente. Los que no se ocultan, no escapan a su suerte. En ocasiones, los alemanes se dedican a eso sistemáticamente, lista en mano, golpeando a las puertas tras las cuales, piensan, les aguarda un rico botín. A veces se les paga un rescate, a tanto por cabeza, como en los mercados de esclavos de antaño. Es demasiado trágico para que tú lo tomes abroma. Por la noche, veo a menudo desfilar a esas caravanas de inocentes, con sus hijos llorando, arrastrados por algunos brutos que los azotan y los torturan hasta hacerlos caer. No respetan a nadie, ni a los viejos, ni a las criaturas, ni a las mujeres embarazadas, ni a los enfermos: todos deben tomar parte en esa ronda de la muerte.

¡Qué bien estamos nosotros aquí, al abrigo y en calma! Podríamos cerrar los ojos ante toda esa miseria, pero pensamos en los que nos eran queridos, y para los cuales tememos lo peor, sin poder socorrerlos.

En mi casa, bien abrigada, me siento menos que nada cuando pienso en las amigas que más quería, arrancadas de sus hogares y caídas en ese infierno. Me da miedo pensar que aquellos que estaban tan próximos a mí se hallen ahora en manos de los verdugos más crueles del mundo.

¡Por la única razón de que son judíos!
Tuya, Ana.
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Yo no pienso ya en la miseria, sino en la belleza que perdura. Esta es la gran diferencia entre mamá y yo. Cuando alguien está desalentado y triste, su consejo siempre es: “Pensemos en las desgracias del mundo y alegrémonos de no compartirlas”.
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En mi opinión el consejo de mamá no conduce a nada.¿Qué puede uno hacer si toma sobre sus hombros las penas de los demás? Quedarse anonadado y sentirse perdido.
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Sábado, 30 de enero de 1943

...Pero no puedo mostrarles mi desesperación , me siento incapaz de dejar que vean las heridas que me infieren y tolerar que me compadezcan o me abrumen con sus palabras irónicas. Esto me desesperaría aun más. No puedo abrir la boca sin verme acusada de afectación, ni callarme sin ser ridícula; si estoy fatigada soy una perezosa; si tomo un bocado de más, soy una egoísta calculadora, y así sucesivamente. Todo el día no escucho más que esto que soy una chiquilla insoportable. Aunque procuro tomarlo a risa y fingir que no me importa, la verdad es que me afecta mucho. Querría pedirle a Dios que cambiase mi manera de ser. convirtiéndome en una persona que no provocase la cólera de los demás... 

Tuya,  Ana
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Sabado, 12 febrero de 1944

Querida kitty:
Hace sol, el cielo esta de un azul profundo, hace una brisa hermosa y yo tengo unos enormes deseos de …¡de todo!. Deseos de hablar, de ser libre, de ver a mis amigos, de estar sola. Tengo tantos deseos de …¡de llorar! Siento en mí una sensación como si fuera a estallar, y sé que llorar me aliviaría. Pero no puedo. Estoy intranquila, voy de una habitación a la otra, respiro por la rendija de una ventana cerrada, siento que mi corazón palpita como si me dijera “¡cuando cumplirás mis deseos!”.
Creo que siento en mi la primavera, siento el despertar de la primavera, lo siento en el cuerpo y en el alma. Tengo que contenerme para comportarme como una persona normal, estoy totalmente confusa, no sé que leer, que escribir, que hacer, solo sé que ardo en deseos.
Tu Ana 
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Miércoles, 23 de febrero de 1944

Mi querida Kitty:
Desde ayer hace un tiempo maravilloso fuera y me siento como nueva. Mis escritos, que son lo más preciado que poseo, van viento en popa. Casi todas las mañanas subo al desván para purificar el aire viciado de la habitación que llevo en los pulmones. Cuando subí al desván esta mañana, estaba Peter allí, ordenando cosas. Acabó rápido y vino adonde yo estaba, sentada en el suelo, en mi rincón favorito. Los dos miramos el cielo azul, el castaño sin hojas con sus ramas llenas de gotitas resplandecientes, las gaviotas y demás pájaros que al volar por encima de nuestras cabezas parecían de plata, y todo esto nos conmovió y nos sobrecogió tanto que no podíamos hablar. Peter estaba de pie, con la cabeza apoyada contra un grueso travesaño, y yo seguía sentada. Respiramos el aire, miramos hacia fuera y sentimos que era algo que no había que interrumpir con palabras. Nos quedamos mirando hacia fuera un buen rato, y cuando se puso a cortar leña, tuve la certeza de que era un buen tipo. Subió la escalera de la buhardilla, yo lo seguí, y durante el cuarto de hora que estuvo cortando leña no di- y jimos palabra. Desde el lugar donde me había instalado me puse a observarlo, viendo cómo se esmeraba visiblemente para cortar bien la leña y mostrarme su fuerza. Pero también me asomé a la ventana abierta, y pude ver gran parte de Amsterdam, y por encima de los tejados hasta el horizonte, que era de un color celeste tan claro que no se distinguía bien su línea.
-Mientras exista este sol y este cielo tan despejado, y pueda yo verlo -pensé-, no podré estar triste.
Para todo el que tiene miedo, está solo o se siente desdichado, el mejor remedio es salir al aire libre, a algún sitio en donde poder y estar totalmente solo, solo con el cielo, con la Naturaleza y con Dios. Porque sólo entonces, sólo así se siente que todo es como debe ser y que Dios quiere que los hombres sean felices en la humilde pero hermosa Naturaleza.
Mientras todo esto exista, y creo que existirá siempre, sé que toda pena tiene consuelo, en cualquier circunstancia que sea. Y estoy convencida de que la naturaleza es capaz de paliar muchas cosas terribles, pese a todo el horror.
¡Ay!, quizá ya no falte tanto para poder compartir este sentimiento de felicidad avasallante con alguien que se tome las cosas de la misma manera que yo.

Tu Ana
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Jueves, 2 de marzo de 1944

Querida Kitty:
El amor. ¿Qué es el amor? Creo que el amor es algo que en realidad no puede expresarse con palabras. El amor es comprender a una persona, quererla, compartir con ella la dicha y la desdicha. Y con el tiempo también forma parte del amor físico, cuando se ha compartido, se ha dado y recibido, y no importa si esta casado o no, si es para tener un hijo o no. Si se pierde el honor o no, ¡lo que importa es tener a alguien a tu lado por el resto de tu vida, alguien que te comprenda y que no tienes que compartir con nadie!
Tu Ana M. Frank 
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7 de Marzo de 1944
El que es feliz, hace felices a los demás. Quien no pierde el valor ni la confianza, jamás perecerá por la miseria. Ana Frank
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11 de abril de 1944

Hoy por la tarde comimos lechuga podrida cocida. Lechuga en ensalada, espinacas y lechuga cocida: otra cosa no hay. A eso se le añaden patatas podridas. ¡Una combinación deliciosa!
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Viernes, 21 de abril de1944
Mi querida Kitty:

Ayer por la tarde estuve en cama con dolor de garganta, pero como ya esa tarde me aburrí y no tenía fiebre, hoy me he levantado. Y el dolor de garganta prácticamente ha desaparecido. 
Ayer como probablemente ya hayas descubierto tú misma, cumplió cincuenta y cinco años nuestro querido Führer. Hoy es el cumpleaños de Su Alteza Real, la princesa heredera Isabel de York. Por la BBC han dicho que, contrariamente a lo que se acostumbra a hacer con las princesas, todavía no la han declarado mayor de edad. Ya hemos estado conjeturando con qué príncipe desposarán a esta beldad, pero no hemos podido encontrar al candidato adecuado. Quizá su hermana, la princesa Margarita Rosa, quiera quedarse con el príncipe Balduino, heredero de la corona de Bélgica…

Aquí caemos en una desgracia en la otra. No acabábamos de ponerles unos buenos cerrojos a las puertas, cuando aparece en escena Van Maaren. Es casi seguro que ha robado la fécula de patata, y ahora le quiere echar la culpa a Bep. La Casa de atrás, como te podrás imaginar, está convulsionada. Bep está que trina. Quizá Kugler ahora haga vigilar a ese libertino.

Esta mañana vino el tasador de la Beethovenstraat. Nos ofrece 400 florines por el cofre; también las otras ofertas nos parecen demasiado bajas.

Voy a pedir a la redacción de De Prins que publiquen uno de mis cuentos de hadas; bajo un pseudónimo naturalmente. Pero como los cuentos que he escrito hasta ahora son demasiado largos, no creo que vaya a tener suerte.

Hasta la próxima.
Tu Ana M. Frank
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3 de mayo de 1944

Yo no creo que la guerra sea solo de grandes hombres, gobernantes y capitalistas. ¡Nada de eso! Al hombre pequeño también le gusta; si no, los pueblos ya se habrían levantado contra ella.
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3 de mayo de 1944

Que pase algo pronto, aunque sean tiros, eso ya no nos podrá destrozar más que esta intranquilidad, que venga ya el final, aunque sea duro, así al menos sabremos si al final hemos de triunfar o si sucumbiremos.
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26 de mayo de 1944
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char