jueves, 28 de febrero de 2013

Parece una mejilla


VALERIO MAGRELLI 
(Roma, Italia, 1957)

La playa, los maderos podridos, las cubiertas...

La playa, los maderos podridos, las cubiertas
hinchadas, las botellas, esas cosas
corrompidas y rotas, todo esto
me es querido,
lo que se queda al margen,
negado, sin propósito,
lo que ninguno roba,
lo que sobra.
En abril, la brisa
vuelve a tener un poco de tibieza.
Parece una mejilla.


La spiaggia, il legno fradicio, i copertoni... La spiaggia, il legno fradicio, i copertoni / gonfi e le bottiglie, cose / guaste e corrotte, tutto questo / mi è caro, ciò che resta astenuto, / rimesso, senza scopo, / ciò che nessuno ruba, / ciò che avanza. / D'aprile / l'aria si fa appena calda. / Pare una guancia.

Versión s/d
***

MIRANDO LOS RESTOS DE UN CASETE 
EN LA PAUSA DE UN VIAJE DE VERANO 

Una antigua leyenda cuenta que el rey Midas 
persiguió mucho tiempo al sabio Sileno, partidario de Dionisos, 
sin lograr atraparlo. Cuando por fin lo tuvo entre sus manos, 
el rey le preguntó cuál era la suerte mejor 
y más deseable para el hombre. 
F. NIETZSCHE

Caía ya la noche sobre la tierra,
en el caos y en el dolor,
cuando de improviso me llegó tu voz
mientras subías las escaleras.
Entonces, pegado a la mirilla de la puerta,
desde adentro, esperé
para verte aparecer distorsionada,
pupila y pescadito,
perdida en el acuario de la lente.
Y mientras todo se derrumba sin sentido,
tú subes las escaleras como si me dijeras:
«Vive por mí». Vuelves del vóleibol,
pero en la mochila me traes el antídoto,
tú misma, ampolla, antídoto del mal.
***

Al borde de la autopista oscila
y brilla oscura la cabellera
de una cinta magnética.
Todos los autos que pasan cerca la acarician
con el viento de los neumáticos
peinándola despacio contra la baranda de protección.
Una medusa muda que las ondas
empujan hacia la orilla fluctuando,
objeto canoro muerto, alga de nostalgia.
Si miro fijo ese fetiche musical,
una esponja desecada de voces,
es para preguntarme
dónde puede evaporarse un sonido,
qué nube futura detendrá sus notas
para preparar, mañana,
la lluvia.

Versiones de Martha Canfield
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char