lunes, 24 de diciembre de 2012

Mis ideas se doraban, era soberbio el trigo


ARTHUR CRAVAN
 (Seudónimo de Fabien Avenarius Lloyd) 
(Lausana,  1887-Arthur Cravan desapareció en 1918 en algún lugar del Golfo de México, durante una travesía por el Atlántico. Su cuerpo nunca fue encontrado)

Languidez de elefante

Yo era grandioso entonces, ¡querido Mississipi!
Desprecié a los poetas, gasterópodo amargo,
Me fui, ¡mas cuánto amor en las estaciones y deporte en
el mar!
¡Récord! Tenía seis años (¡aurora de los vientres y frescor
del pipí!)
Y esta mañana a las diez horas y diez minutos el rápido
Que flotando en raíles cruzaba trenes límpidos
Y me tiraba al aire, tobogán chapuzón.
A cien por hora íbamos y a pesar del rumor,
Con su encanto el periódico embriaga al fumador.
Y aunque así el expreso se hubiera
lanzado,
Entrenador que imanta albatros y palomas,
Con ese ritmo loco me había mecido el tren.
Mis ideas se doraban, era soberbio el trigo,
Pacían los herbívoros en pillos prados verdes,
Loco por boxear le sonreía a la hierba.

Traducción: Mireia Alonso Ribeiro 
***

¿Cuál es esta noche mi error?
¿Qué entre tanta tristeza?
Todo me parece bello
el dinero que es real
la paz, las vastas empresas,
los autobuses y las tumbas;
los campos, el deporte,las queridas,
hasta la vida inimitable de los hoteles.
Quisiera estar en Viena y en Calcuta.
Tomar todos los trenes y todos lo navíos,
fornicar con todas las mujeres
y engullir todos los platos.
Mundano, químico, puta, borracho, músico,
obrero, pintor, acróbata, actor;
Viejo, niño, estafador, granuja,
ángel y juerguista; millonario, burgués,
cactus, jirafa o cuervo; cobarde,
héroe, negro, mono, Don Juan, rufián, lord, campesino,
cazador, industrial, fauna y flora:
Soy todas las cosas, todos lo hombres y todos los animales
¿Qué hacer?”

Traducción: s/d
**
Imagen: Tomada de elmalpensante.com
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char