sábado, 29 de diciembre de 2012

Hoy una fragua de polvo me hace hablar


MARIO MORALES
(Pehuajó, Prov. Buenos Aires, 1936-
Buenos Aires, Argentina, 1987)

¿Cuándo la sombra nos dará su espalda?
¿Cuándo la espalda caerá en el silencio,
sin dividir, con su aliento cerrado,
el sentido jadeante, pero unitario, de la voz?

Hoy una fragua de polvo me hace hablar.

Ahora únicamente soy
una esponja de música
que resta sonidos
cuando furtivamente la moja
el latido izquierdo de un pensamiento.

La piel baja.
Ya es cuerpo para el amor.
***

En el ritmo,
en el ritmo de una mirada cuando se quiebra
y busca sus astillas dentro del sueño.

En el ritmo insano, puro,
de una almeja de colores sordos, coléricos,
decapitada con todo el zumo del día
quemando aún su corazón de espada y humo.

En toda la ternura desatada
en el cabello de una mujer dormida.

En un campanario de nubes
estallando a lo lejos como un ciego.

En cualquier lugar, instante, cosas o ritmo,
es el lugar, el tiempo, el ritmo y las cosas de la muerte,
sus paisajes,
como una circuncisión en el clímax de las palabras,
como una esponja sonámbula
fundando un ritmo de oficio y signo,
una imagen quieta que disloca al tiempo.

Es el ritmo de la muerte
dibujando esta pregunta,
este remolino de sonidos exactos
para un poema sin comienzos
o para el comienzo de un ala inmóvil
imaginada por ese árbol
que una noche cayó del ojo blanco de un pájaro en vuelo
y despertó a las uñas incesantes de la tierra.
***
Un fragmento

y que todo tenga un nombre nuevo
la calle, la luz
el silbido de la sombra
cuando las ventanas se abren
hay un silencio de pana
y cicatrices de luz a los tumbos
y vuelos Unánimes
                             
                                     por-venir

antaño, antes de las palabras

                                     comenzar de nuevo

**
no temas, se trata sólo de palabras

** 
sí, bien digo, magnífica altivez de todo, de buitres alimentán-
dose de carroña, de alturas, de sombra desgastada, derrochada,
inmolada al incienso cotidiano y salvajes ojeras, y cuerpos cari-
cia a caricia arrebatados a un fulgor
ah perra -un hálito adorable-
de rencor y entonces
                                          al despertar
                                                                  todo es literatura
todo existe


**
De La distancia infinita. Antología poética 1958-1983. María Julia De Ruschi: Selección y prólogo (FCE), 2012.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char