martes, 30 de octubre de 2012

Ellos, esos "ellos" sin nombre


GREGORY CORSO
(EE.UU., 1930-2001)

Visita a donde nací

De pie en la luz oscura de la calle oscura
miro hacia arriba, a la ventana, nací en ese lugar.
hay luces encendidas, gente moviéndose por ahí.
puesta la gabardina; cigarro en la boca
sombrero sobre un ojo, mano en el gatillo.
atravieso la calle y entro al edificio.
los botes de basura no dejan de oler.
subo al primer piso; orejas sucias
dirige su cuchillo hacia mí
le disparo lleno de miradas vacías.

Versión de Edith Esquivel
***
Ellos

Ellos, esos "ellos" sin nombre,
me derribaron
pero me levanté siempre me levanto...
Y maldije cuando me caí
muchas veces soporté la caída;
nadie mueve a una montaña salvo ella misma.
A ellos, hace mucho los llamé yo.
***
Obsequié...

Obsequié el firmamento
junto a las estrellas los planetas las lunas
y también las nubes y los vientos del clima
las formaciones de aviones, la migración de las aves...
“¡De ningún modo!”, aullaron los árboles,
“¡Los pájaros cuando no vuelan son nuestros, no los podés obsequiar!”
Así que obsequié los árboles
y el terreno que ellos habitan
y todas aquellas cosas que crecen y se arrastran sobre él
“¡Un momento!”, marearon los mares,
“¡Las costas, las playas son nuestras, los árboles para los barcos
para los astilleros, nuestros!, ¡no los podés obsequiar!”
Por lo tanto obsequié los mares todas las cosas que los nadan los navegan...
“De ningún modo”, tronaron los dioses,
“¡Todo lo que has obsequiado nos pertenece! ¡Nosotros lo creamos!
¡Incluso creamos a aquellos como vos!”
Entonces fue cuando obsequié a los dioses.

Versión de Esteban Moore

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char