martes, 8 de mayo de 2012

El ritmo cardíaco es un tiempo en estado impersonal




Otros poemas de JOAQUÍN GIANNUZZI
(Buenos Aires, Argentina, 1924-Salta, Argentina, 2004)

Perplejidades al amanecer

I

Un minuto de fe para buscar a tientas
la camisa más despierta. Una especie
de convicción para sentirme apto.
En la oscuridad menguante, el dormitorio
huele a existencia en bruto,
a ropa fría, a zapatos caídos
con toda la neura encima. Esto insiste
en tener algo que ver contigo.
Desde la calle
los ruidos ciegos y la jadeante
respiración de la materia manufacturada
suben con sus propias razones para vivir.
He allí lo espumoso, la tierra triunfante
que apenas me concierne. Pero la camisa
ya pierde su inocencia, reclama relaciones
y el perpetuo fracaso de la identidad
en el amanecer de este día laborable.

II

Desamparo ideológico del lunes:
en la madrugada invernal ha concluido
el aplazamiento. Perplejo
y desdichado a su manera, el pie
con que bajamos de la cama se detiene
a medio camino. En ese titubeo prenatal
también vacilan
el resto del cuerpo
y el ser en general con su condena.
La realidad privada paraliza su regreso
al viejo desastre, a la recurrente
y oscura oportunidad. ¿Qué clase de verdad
hay en esa negación? ¿Qué mano de la época
pone las opciones individuales en punto muerto?
En el cerebro cerrado circula
un gemido que nos detiene al borde
de la respiración universal del día.
Y entre la historia a punto de caer
en la taza de café y la vuelta del rostro
a la dorada aniquilación personal
comienza el lunes en todo el país
***
Susurro personal

Por alguna razón, al anochecer,
mi corazón late como una ametralladora.
El cardiólogo me ha dicho:
controle su vida emocional. Me pregunto
si no habrá allá dentro una verdad
que intenta abrirse paso. Vuelvo una mano al pecho
buscando una fe en la oscuridad
de mi mismo. La pulsación interna del yo
parece apresurarse
hacia una descomposición indescifrable.
El ritmo cardíaco es un tiempo
en estado impersonal. Esta es la única
certeza qu encuentro. Los golpes sanguíneos
de un tambor cerrado sobre el vacío.
No hay noticias profundas sobre J.O.G.
sino este susurro fisiológico, el zumbido
que hoy fui dejando a mi paso
a través de calles, edificios y cuerpos cerrados.
Un rastro de baba que recorrió el mundo
y está de regreso a esta habitación.
***
Momento de Proust

Sueles mojar la lengua en la gelatina de Proust
y rescatas algunas líneas soñadas
para tu cuarto maloliente. Así que instalas
un soleado aposento cuyos cristales
se abren a un jardín otoñanl. Hay flores
en casas doradas. Una niña que ondula
en pálida muselina flotante
se sienta al piano y lo más suave de Chopin
organiza un universo azul equilibrado.
Si ese mundo existió, como la dulce
superficie de un lago sobre alimañas
en gestación, has llegado tarde.
La fractura de aquel espejo te condujo
a este cuarto frío, con escarcha sangrienta
en el vidrio de la ventana,
esta cólera prendida como una sombra seca
en el fondo de la garganta
y que no puedes escupir ni devorar.
**
Foto: tomada de aromitorevista.blogspot.com


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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char