miércoles, 28 de marzo de 2012

En la penumbra de las vísceras

GIOVANNI RABONI
(Italia, 1932-2004)

"Lo importante es estar convencidos de que la poesía no es ni un estado de ánimo, a priori, ni un privilegio ni una realidad aparte o una realidad mejor. Es un lenguaje: un lenguaje diferente de lo que usamos para comunicarnos en la vida cotidiana y por mucho más rica, más completa, el lenguaje más humano, mientras que cuidadosamente premeditada o involuntariamente muy capaz de conectar entre sí las cosas que se ven y las que no se ven, de relacionar lo que sabemos con lo que sabemos." G. Raboni


TESTIGOS

Aquí fue apuñalado el duque, y este es el pozo
donde estuvieron de su cuerpo
deshaciéndose hasta el alba. Me imagino la escena.
Y entre tantas ventanas, soportales, escalas,
quién sabe las palabras de la riña
que fueron a parar a oídos ávidos y honestos, a corazones
dispuestos a sufrir este otro secuestro
en favor de la patria. O a musitarlo
más tarde, al final de la vida, a la oreja pelosa
del confesor. Tráfico de noticias
en la penumbra de las vísceras.

Traducción: Juan Carlos Reche
***
LAS VECES

De los reproches que me haces (algunos
no los discuto)
hay uno cuando llega que hace mal
como el frío sobre los dedos —cuando
comentas suavemente "qué mal hicimos el amor" o peor "Esta vez
el amor lo hiciste tú solo: como un muchachito". Muerde
desde el fondo, seca la saliva como si expulsara
todas las veces buenas. Y decir que me importa
más tu gozo que el mío; por momentos quisiera
ser sólo una mujer para tocarte mejor, con más dulzura...

Traducción de Horacio Armani
***
Temores de la Magdalena

Tengo miedo del leño y de la roca,
tengo miedo del cuerpo, del nervio lacerado,
de los tendones rotos, tengo miedo de la luz,
tengo miedo de la piedra que cerrará tu puerta,
tengo miedo del viento y de las voces, tengo miedo
del cuervo que te coma, tengo miedo del lobo
que encontrará tus huesos, tengo miedo
de que estés muerto y cada noche
tendré miedo de tus besos helados
y de que me tires de los pies bajo la sábana.

Traducción: Juan Carlos Reche
***
Sueño de la Calle de las Serpientes

Muerto, creo, y deudo de muertos -pero también
utilero, guardián, camillero
interino, reportero
d'hôtel-Dieu y de morgue,
hurgaba, el Jesús en la boca, en el revoltijo
de ropa descolorida,
forros desgarrados, mantas militares,
por una extraña resaca arrojados sobre los mostradores.
¿Y los cuerpos? ¿Dónde estaban los cuerpos?
No se veían cuerpos en, por lo menos,
quince, veinte metros a la redonda...
Dices bien, es necesario
descender desnudos a la tierra:
pero aquellas blusas, aquellos
sacos abandonados para siempre, raídas
sandalias, mocasines
tal vez míos, agujereada la suela, aplastado
el empeine... Por ellos,
no por los desaparecidos propietarios, no por las
almas así pomposamente llamadas, me deshago,
a primera hora, en lágrimas en el sueño.



Versión de Jorge Aulicino

3 comentarios:

Silvina dijo...

Qué bueno. Qué buena nueva sección "off the canon". Gracias

Irene Gruss dijo...

Je, gracias, seora. Mi saludo, Irene

Hugo Luna dijo...

si, me sumo... no había visto estos poemas (ni su autor!) gracias Ire

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char