domingo, 27 de mayo de 2012

Ante las cenizas de mis misterios


Carl Sandburg (© Slim Aarons) photographersgallery.com

CARL SANDBURG
(EE.UU., 1878-1967)

Bajo un poste telefónico

Soy un cable de cobre tendido en el aire.
Fino, recortado contra el sol, ni siquiera proyecto una
clara línea de sombra.
Noche y día canto sin cesar; zumbo y vibro:
es el amor y la guerra y el dinero, es la lucha y son las
lágrimas, el trabajo y la necesidad;
son la muerte y la risa de los hombres y mujeres que pasan
a través de mí, portador de sus palabras,
a la lluvia, con la escarcha y el goteo, al alba y al secarme
y relucir.
Un cable de cobre.

Versión de Miguel Martínez-Lage
***
Poemas compuestos en uno de los últimos tranvías de la noche 

I. Tordas

Soy la Gran Avenida Blanca de la ciudad.
Cuando me preguntes cuál es mi deseo, así contesto:
«Muchachas frescas como flores silvestres del campo,
con el rostro joven y hastiado de vacas y graneros,
el ansia en sus ojos como el alba, el afán por conocer mis misterios;
muchachas esbeltas y ágiles, de piernas bien torneadas,
el atractivo en el arco de sus hombros estrechos
y la sabiduría de las praderas, para llorar quedo tan sólo
ante las cenizas de mis misterios».
***

Felicidad

Pedí a los profesores que enseñan el sentido de la vida
que me dijeran qué es la felicidad.
Fui a ver a los afamados ejecutivos que comandan el
trabajo de miles de hombres.
Todos menearon la cabeza y me sonrieron como si yo
tratase de engatusarlos.
Y un domingo por la tarde fui a pasear por la orilla del
río Desplaines.
Y vi a un grupo de húngaros bajo los árboles, con sus
mujeres y sus hijos, un barril de cerveza y un
acordeón.

Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *

II. Agotamiento
(Versos basados en ciertos arrepentimientos que trae consigo
la meditación sobre las caras maquilladas de las mujeres que
pasean por North Clark Street, Chicago)

Rosas,
rosas rojas,
aplastadas
en la lluvia y el viento
cual bocas de mujeres
aplastadas por los puños
de los hombres que las usan.
Oh, capullos de rosa
y hojas rotas
y volutas de pétalos:
así tú, que de tal modo arrojaste tu carmín
al sol
tan sólo ayer.

III. El hogar


He aquí algo que anhela mi corazón fuera, ojalá, más
corriente en el mundo:
una noche lo oí suspenso en el aire, al escuchar
a una madre que arrullaba a su hijo intranquilo y enojado
en las tinieblas.

Versión de Miguel Martínez-Lage
***
Anciana

Traquetea el último tranvía obstinado con el eco
que le devuelven los edificios y el pavimento horadado:
los faros desdeñan la bruma
y clavan los rayos amarillos en la lluvia lenta y fría;
contra una ventanilla aprieto la frente
y, mareado, contemplo las tapias, las aceras.

Los faros hallan el camino,
desaparece la vida de la humedad y el fárrago...
Sólo una anciana hinchada, desmadejada, agotada,
abandonada, remota caminante de otro tiempo,
se acurruca en un portal en pos del sueño
sin techo.

Versión de Miguel Martínez-Lage
***

Murmullos en un hospital de campaña(Lo recogieron en el prado, donde llevaba dos días tendido bajo la
lluvia, con una esquirla de metralla en los pulmones)

Ven a mí ahora sólo con juguetes...
Una foto de una mujer que cante y tenga los ojos azules
de pie ante un seto de hortensias, amapolas, girasoles...
o un anciano al que recuerdo contar cuentos a los niños,
cuentos de días que nunca sucedieron, en ningún rincón
             del mundo...

Se acabó el hierro frío y duro de manejar,
torneado para emprender la carga.
Tráeme sólo cosas bellas, inútiles.
Sólo cosas del hogar, tocadas por la luz del atardecer, en
              la quietud...
y en la ventana, un día de verano,
el amarillo en el nuevo cuenco de la mantequilla
frente al rojo de las rosas que trepan...
y que el mundo sólo fueran juguetes.

Versión de Miguel Martínez-Lage

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char