domingo, 18 de noviembre de 2012

Cómo todas las cosas se apartan sin prisa del desastre

Tomada de wikipedia.com

W.H. AUDEN
(Inglaterra, 1907-Austria, 1973)

Musée des Beaux Arts
Otra versión

Acerca del sufrimiento nunca se equivocaron
los antiguos maestros: comprendieron bien
su humana posición; cómo tiene lugar
mientras alguien está comiendo, abriendo una ventana o caminando aburrido.
Cómo, cuando los viejos reverentemente, apasionadamente esperaban
el milagroso Nacimiento, allí debió haber siempre
chicos que no querían especialmente que sucediera, patinando
en un charco a orillas del bosque:
nunca olvidaron los maestros
que incluso el horrible martirio debió seguir su curso
de todos modos en un ángulo, un punto desordenado
donde los perros proseguían con su perra vida y el potro de tormentos
rascaba su trasero inocente contra un árbol.

En el Icaro de Brueghel, por ejemplo: cómo todas las cosas se apartan
sin prisa del desastre; el labrador tal vez
pudo oír el chapoteo, el grito penetrante,
pero para él no fue un fracaso importante; el sol brillaba
como debía en las blancas piernas que desaparecían en el agua
verde; y el barco rumboso y liviano que debió sin duda ver
algo sorprendente, un chico cayendo desde el cielo,
tenía que alcanzar un destino y navegaba tranquilo hacia él.

(1939)
Versión de Jorge Aulicino
**
(óleo Paisaje con la caída de Ícaro de Pieter Brueghel el Viejo
en el Museo de Bellas Artes en Bruselas, Bélgica)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char