lunes, 3 de junio de 2013

“Yo ronco y escribo ocho horas diarias”

AURORA VENTURINI

(La Plata, Buenos Aires, Argentina, 1922)

De ella dijo Vicente Aleixandre: “Aurora Venturini carece de estúpida cordura”.

En un artículo publicado en 2007 en el suplemento Radar, Página/12, la periodista Liliana Viola, encargada de anunciarle a Aurora Venturini que estaba entre los diez finalistas del Premio Nueva Novela, recuerda la conversación que tuvieron por teléfono:

—¿Usted se presentó con el seudónimo Beatriz Poltrinari al concurso Nueva Novela de Página/12?
—Sí, señorita, me presenté con Las primas.
—¿Sabe que está entre las diez finalistas?
—No. ¡Ay! Sería muy importante que esta novela ganara. ¿Sabe por qué? Porque Las primas soy yo. [...], señorita, es mi familia. Nosotros no éramos normales. En casa todas mis hermanas eran retardadas. Y yo también.

 De www.gatopardo.com/
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“Yo ronco y escribo ocho horas diarias.”
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Y de otra entrevista:
                  –Me atacó la fotofobia porque vivíamos encerrados trabajando en el Instituto de París. Pero sí, mucho descontrol. A la noche salíamos de juerga.
       Camus, por ejemplo, era un jodón. Natalie, la hija de Sartre, que cargaba con la desgracia de que le mataron a su novio judío, después se casó con Camus, tuvieron una nena. ¡Y el pernod! Aquí la Ley Palacios dijo basta. Pero allá no llegó la Ley Palacios.
       Tomábamos cantidades, a tal punto que nunca volví a tomar alcohol. Me acuerdo ahora de Juliette Greco con el pelo larguísimo cantando completamente desnuda a pesar del frío. Qué linda era. Éramos gente muy divertida. No hay libro más gracioso que La náusea, ¿o hay?
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–¿Cómo se siente cuando escribe?
–Contenta. Porque los felices son raras avis. Por eso aquellos que dicen eso de “ahora que tengo tiempo voy a escribir” me dan una bronca enorme. Yo lo que digo es: “Ahora que la escritura me da tiempo, voy a comer”. Pero si me exige seguir, no voy a comer. Con la lectura me pasa lo mismo. Estoy enamorada de Dostoievsky. James Joyce, Marcel Proust, Virginia Woolf, Silvina Ocampo y Rainer Maria Rilke son mi Biblia.

–¿Cuándo empezó su relación con la escritura?
–A los tres años ya leía y escribía. Era superdotada y me hacían a un lado en la infancia. A mitad de año me pasaban de grado. Me decían: “Ahí viene la superdotada”. Una vez en la escuela estornudé y la monja me dijo: “Menos mal que eso lo hace igual que todos”.

–¿Le costaba relacionarse con la gente de su edad?
–Sí, y es que terminé la primaria a los nueve. No aguantaba a las maestras. La secundaria fue una broma. Les hacía las pruebas a las de toda la fila. Era un monstruo. Los superdotados en realidad estamos muy cerca de los chicos con síndrome de down. Hay una semejanza muy fuerte en el pensamiento. Una vez un chico con síndrome de Down me preguntó qué había adentro del espejo. Y no pude responderle porque es algo que todavía me sigo preguntando.

–Otro apasionado de los espejos era Borges. ¿Qué le pasó cuando en 1948 recibió el Premio Iniciación de sus manos?
–Mucha alegría. Fuimos amigos. Era un genio. Borges es como un bello insecto captado dentro de un hielo.

–¿Discutían de política?
–Con Borges nunca discutimos. Yo soy peronista de la primera hora. Tengo la medalla de la lealtad. “Me gusta su poesía aunque sea mujer”, me decía. Un machista.
(...)
–¿Le sigue apasionando la política?
–Ahora no. Ya no hay política. El que pega primero pega dos veces. La política era un arte. Era algo muy fino. Ahora es otra cosa.

En 1956, Venturini, quien tradujo y escribió trabajos sobre poetas como Arthur Rimbaud e Isidore Ducasse, se vio obligada a viajar a París luego de la Revolución Libertadora. En la Ciudad Luz conoció a todos los escritores del momento y su vida cambió. “Sartre y Beauvoir eran profesores. Gente extraordinaria con la que me relacionaba. Tuve suerte de conocerlos, de compartir departamento con Violetta Duluc, quien estaba ennoviada con un albañil al que lo volvía loco. Ella escribía mucho mejor que todas las otras de su época. La bastarda es una novela increíble”, afirma la escritora.

–¿Escribió algo con ellos?
–Hice teatro con Eugène Ionesco y escribí con Albert Camus. Me ganaba la vida con las palabras. Los que sabían que estaba allá me llamaban para que les enseñara español. Di clases de Girondo, un gran poeta. Un hombre que le hizo mucho daño a la escritura.

–De usted dicen lo mismo.
–Yo también le hago daño a la escritura.

–¿Por qué?
–Yo inventé un estilo. Tanto mi obra como yo somos inclasificables.

–¿Es bueno ser inclasificable?
–Claro. Mi madre decía que los escritores estaban todos locos.

–¿Y tenía razón?
–No, era gente antigua. Personas que te podían arruinar la vida. A algunas personas las enterré sin cruz para que el tiempo las borre.

De veintitres.infonews.com
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-¿Le gustaría dejar de escribir?
-Y cuando me muera no voy a poder escribir más. ¿Para qué sirvo si no? Tengo que dar cuenta de lo que consumo. Es mi trabajo. Si no soy una vieja de merd, no puede ser. Yo te aconsejo a vos que leas mucho, no que compres libros, en las bibliotecas hay buenos libros. Hay que leer, leer, leer. Hay que leer todo. ¿Cómo se te ocurrió comprar mi libro?

De esalineahibrida.wordpress.com
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GALEÓN PINTADO

Sobre mares pintados van a caer gaviotas
y las ondas errantes transparentan naufragios.
En el alma del agua duerme el gris de las cosas
que lábiles fugaron del universo alto.

Alas con plumas, picos, marineras canciones
de pájaros que fueron piratas como hombres
transcurren raudamente y al fatigarse ponen
ancla en los arenales, raíces de las orbes.

En resaca de orillas grises como la pluma
duendes del fondo juntan una por una astillas,
reconstruyen galeones que flotan en las brumas
y galeones avaros de la costa fenicia.

Sidón y Tiro vuelven de la resaca azul,
las viejas factorías desenrollan sus telas
y el ancho mar se tiñe como un
cartaginés de múrex purpúreo de acuarela.

Grande melancolía de los puertos empieza,
lampos de fuego arrojan desde proa fantástica
y los trirremes hunden a los galeones, sea
en las batallas phoenix o en las batallas áticas.

Y uno que está pensando que ha perdido la vida,
que ha perdido la luna que era suya en la infancia,
sube a la nave fiera que el mascarón deriva
en los estriberones ilusos de la página.

En: "Antología personal" (1940-1976). Ramos Americana Editora, 1981.
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ENCUENTRO CON FRANÇOIS VILLON

Si bebo el agua sufro sed intensa
ciñe mi sangre el fuego, y siento frío
y oigo crujir mis dientes rechinantes,
vivo en mi tierra y soy un desterrado.
Junto a la lumbre ardiente estoy helado,
ostento rica saya y voy desnudo;
río de acongojado y hondo llanto,
desesperado aguardo la esperanza,
el decaimiento me halla levantado
y la tristeza alegre sin motivo.

Versión de AV del poema de F. Villon.
En “La Plata mon amour”, Ediciones Pueblo Entero, 1974.
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Fragmento de Las primas
(Mondadori, Buenos Aires, 2009)

El profesor me dijo: Yuna —así me llaman—, tus cuadros son dignos de integrar una exposición. Hasta puede ser que algu­no se venda.
Me alborozó tal alegría que salté sobre el profesor con todo el cuerpo y quedé adherida al cuerpo del profesor con los cuatro miembros: pies y piernas y nos caímos juntos.
El profesor dijo que yo era muy bonita, que cuando creciera íbamos a noviar y que me enseñaría cosas tan bonitas como dibujar y pintar pero que no divulgara nuestro proyecto que en realidad era sólo su proyecto y yo supuse que se trataría de exposiciones más importantes y entonces volví a asaltarlo y lo besé. Y él también con un beso de color azul que me repercutió en lugares que no nombro porque no estaría bien y entonces busqué una tela grande y sin dibujar pinté en rojo dos bocas presionadas enganchadas, unidas, inseparables, cantarinas, y dos ojos arriba, azules de los que desmayaban lágrimas de cristal. El profesor, de rodillas, besó el cuadro y ahí se quedó, en la sombra y yo volví a casa.
Conté a mamá de la exposición y ella, que no entendía de arte, contestó que esos mamarrachos informes de mis cartones harían reír a los concurrentes a Bellas Artes, pero que si el profesor quería a ella no le iba ni le venía.
Cuando expuse, entre otras obras de alumnos, me compraron dos cuadros. Lástima que uno fue el de los besos. El profesor lo bautizó: Primer amor. A mí me pareció bien. Pero no comprendí del todo el significado.
Yuna es una promesa decía el profesor y esto me gustaba tanto que cada vez que lo decía me quedaba después de hora para saltarle. Él nunca me retó. Pero cuando me crecieron las tetitas me dijo que no lo saltara porque el hombre es fuego y la mujer paja. No entendí. No salté ya.

2 comentarios:

Hugo Luna dijo...

estas son las cosas que enamoran

Irene Gruss dijo...

Gracias, amigo, por pasar. Beso, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char