miércoles, 8 de mayo de 2013

Desde antes de mí hasta cualquier hoy

ANDREA GUTIÉRREZ


(Buenos Aires, Argentina, 1960)

Estar ajeno no es estar de otro
sino vacío de cuanta lluvia hubo...
G. González Paz

Nada late.

el otro mira, dispara un entusiasmo que no estalla.
Tan liso está el verbo
tanto sé hoy que
ni relato ni explicar.

Horas enteras
de silencio placé,
en cada lengua sugerir
partir debo.

Puedo seguir estando como un gesto,
siempre me voy

no sé estar cuando me quedo.
***
Niñas ajenas

Me aferré a otras niñas ajenas que eran mí,
no sé qué de mí,
un algo, una idea de un algo que nunca se concreta

me alisé, me suspendí huérfana de época
a destiempo siempre fanática de error
y no querer definir.
El animal de la noche domesticó mi desconcierto
y mientras, crecer entre paredes altas al sur
sin poder ningún recuerdo,
3, 5 o cualquier número impar de fotos imperfectas el
            único hacia atrás,
escueta memoria y desmedida densidad de olvido
de mí, de él, de ellos, de todo lo que sí y lo que no en su
        grandeza era.

Me refugié en la silueta espejada
–el sexo fue después—
para forzar la traducción del adiós, de cada puerta que se
              cierra.
Desde antes de mí hasta cualquier hoy
deambula una mujer
incierta.
***
Autismo 

lo ajeno, lo que allí fuera existe fastidia,
delicado equilibrio, ser cívica y correcta mientras
la demencia carcome
hacia adentro, hacia el centro del dolor, habitar y no.

días enteros entre las ramas del silencio, con nadie hablar.
semanas, meses y años de confinamiento sin ninguna religión
que salve, impedida de fe:  sublimar es una opción indigna.

paralizar el devenir. ignorar, no hacer ni puto caso al tiempo,
que de todas formas transcurre, lo cotidiano: un sueño malo y
prolongado, la rutina: terror precario
y sin embargo insistir,
con falsas ganas y forzado entusiasmo.
todavía decir: no quiero, decir, nada    nunca.
y no poder esa mudez prestigiada.

mañana, tarde, noche inclinada hacia la fractura del sentido
quebrada reverencia que besa los pies del endiosado autismo.
lo único que queda, lo mínimo que hay, sólo perdura el placer
de lastimar
y más luego, y después:

mundo y seres despreciados.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char