miércoles, 19 de diciembre de 2012

Hacia el líquido final

Tomada de poesiadesdelapatagonia.blogspot.com
Otros poemas de RAÚL MANSILLA 
(Comodoro Rivadavia, Chubut, Patagonia Argentina, 1959. Reside en Neuquén, Argentina)

RUKA CHOROY
(CASA DE LOROS) 

La ruka es la casa y los loros son nómades que van de un lugar a otro, con una mujer en cada cueva,
como marineros de agua dulce, sus salobres vidas,
no dejan tatuajes en este otoño, son otras sus estaciones,
otras.
Lo demás somos nosotros abrazados frente al lago Ruka
Choroy,
lo demás el silencio mayor, el lugar teniente,
las araucarias y los gansos,
latas de cerveza robadas en el hotel, cantin, palo, salame y queso,
rojos ñires desde donde saliste, descalza, a pedir sosiego.

Pero ahora estoy solo en el roquerío, mientras en la ciudad,
los autos esperan semáforos, mientras comés una naranja,
mientras Aluminé dada vuelta, es un pueblo de naipes,
castillos, corazones tomados de la mano intentando llegar
a mis labios que te extrañan.

Aluminé con sus casas hartas de ser hogares dulces
hogares, para atrás el equilibrio, gira como un tronco el
pueblo, el lago, el jinete,
los mapuches me miran azorados, no fue una buena
semana para la petaca, ni mis ojos, ni los loros que
decidieron emigrar.

Ya no sé ni lo que tomo, sin documentos, solo tengo ese
lago calmo,
en el que aparece tu rostro deformado por el chupetín que
chupaste en abril,
chupo yo también ahora, chupan todos, maman, sorben,
no es una buena semana para las bebidas espirituosas.

Voy al cementerio del lago, donde los antiguos me llaman,
tiro agua y migajas de pan,
te recuerdo, veo a la ciudad, los edificios, la terraza donde
colgás la ropa,
el otro día vi el sweater rojo que tanto me gustaba,
pero aquí no, no hay cordeles, ni freezers ni Walt Mart, ni
lugares donde vendan vino
después de las veintitrés.

Es casi de noche y no sirvo, no sé guiarme por las
araucarias, las estrellas todavía
son débiles, tengo caramelos en los bolsillos, voy cruzado
por el camino de tierra,
estoy en Ruka Choroy, aquí estuvimos juntos, nos
besamos,
y ahora dónde estás?
controlando alimentos en el puente, completando
crucigramas, viendo si llevan la guía,
el precinto, o estás viendo a capricornio en el diario, mi
signo, tu signo, nos dicen lo mismo, lo mío tuyo,
lo tuyo mío, nunca me dejes, nunca le des esto a nadie,
sos solamente mío/mía,
pero uno dice estas cosas borracho.

Pero es Ruka Choroy, donde corrías gansos, donde
estabas brotada,
es la habitación 107, es el otoño, es U2, es la poeta
Macky, es tu lunar y mis manos
quebrando palitos, es el borde del mundo, es la punta,
son los canelones, el vino tinto,
es la cordillera de los andes, que ahora te falta, porque
estás en la ciudad,
entre bocinas, ulular de sirenas sin escamas, picadas de
fiats unos, aviones que aterrizan, ochocientos cincuenta
canales de tele, doscientas efe eme, calles angostas donde
apretás tu bolso, y yo aquí tirando la piedra plana que
hace veintidós patitos en el lago,
patitos que no llegan a la orilla, donde espero, mientras
ruego que pueda caminar sobre las aguas o cambiar de
canal, o sacar el sweater rojo del cordel, o pedirle a los
loros que me lleven a las cuevas donde se emborrachan
para pedir perdón.
***
MUERTE LÍQUIDA

Saciada al fin la enorme sed
y envuelto en el objeto de su destrucción
parte hacia el suelo el héroe del líquido.

Procesión de ataúdes de botella,
cenizas de vidrio arrojadas al mar,
hijos quebrados en el techo:
fervoroso panorama de la destrucción.

El único crimen perfecto ha sido cometido,
y un hombre, parte,
espeso,
hacia el líquido final.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char