miércoles, 9 de mayo de 2012

Les apuntaba desde un banquito de madera


Tomada de  El poeta ocasional

MAURO VIÑUELA
(Resistencia, Chaco, Argentina, 1971)

Leo a Hegel


La Historia colocó sobre las manos de mi nonna Colomba
una escopeta doble caño. Ella tenía siete años. Cuidaba presos en la primera guerra.
Les apuntaba desde un banquito de madera. Mientras se zarandeaba imaginando olas del Mediterráneo.
Detrás de las rejas. Detrás de cada puerta se combatía.
La Historia colocó sobre el cuerpo de mi nonna Colomba
a un montón de soldados ingleses
en la segunda guerra.
La Historia trajo a mi nonna Colomba en un barco
colmado de baúles y semillas y misa en cubierta.
La Historia colocó en las manos de mi madre carretillas solares
estiércol para la tierra, conejos azules, gallos de cresta color del Mediterráneo.
La Historia colocó más tarde sobre mamá a un montón de militares
uniformados en centros de detención.
La Historia violó a mamá en América. Nos violó las capillas fluorescentes colgadas
en la pared del comedor. Nos arrojó semen negro sobre el claro horizonte del patio.
La Historia le dio con la guadaña a nuestras plantas y disparó
a la cabeza de todos nuestros animales.
La Historia colocó una gota de orfandad pura como agua del Mediterráneo sobre cada ojo mío y de mis hermanos.
La Historia colocó ante mí una hoja en blanco, donde no escribo.
Sólo arrojo cenizas como fina, impalpable arena del Mediterráneo.
***

Balbuceo 

Te han puesto a infernar en el darwiniano cuerpo homo sapiens
a fuerza de atavismo erguido dando saltos de monos 
hasta este instante por entre los yuyos de los milenios y su sangre
te han puesto a infernar ante la cruz tribal 
incristalizable que husmean los simios martillo en mano clavos
entre dientes te han puesto a infernar bajo el yugo que carga
lo inconcluso todas las horas y los días de la historia del instinto
del instinto de la historia pequeño buey los próximos muertos
te dominan te han puesto a infernar en la platónica fosa
caverna ahora invertida llamaradas indican que tu prisión
se extiende mas el encierro es fuera y a nadie
provoca tristeza ya esta tragedia es más no hay 
testigo ínclito sólo fruición de las almas en sus hogueras.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char