lunes, 29 de abril de 2013

No son palabras sino el viento que se levanta





ARCHIBALD MACLEISH
(Glencoe, Illinois, 1892-Boston, EE.UU., 1982) 

Otoño inmortal

Recito este poema con voz grave y monótona
en alabanza del otoño, del lejano y sinuoso otoño,
alabo sus campos sin flores, alabo sus nubes, sus altas
                                                   / ramas silenciosas
donde el viento arranca sonidos, músicas sombrías.

Alabo el otoño, ésta es la estación del hombre,
ahora el extraño sol no se entromete en nuestra tierra
no vigoriza el verde, ni deshiela el suelo escarchado
y el invierno todavía no habrá de agobiar con su silencio
                                                           /las ramas del pino.

En el otoño compartimos los días con los negros cuervos,
el extendido mundo del año susurrante se ha marchado
hay más espacio para vivir el una vez secreto amanecer
y la tarde llega con la luz del día y la oscuridad camina
                                                                            /indefensa.

Entre el bravo y turbulento arder de las hojas
y  el invierno que cubre con su pesada nieve
                                            /nuestros corazones
estamos solos y no hallarás a las aves nocturnas.
La luna las estrellas giran alrededor de nuestra casa.

Ésta es la estación humana en el aire estéril,
las palabras pueden transportar el aliento y el sonido se arrastra
                                                                / y continúa resonando,
oímos los gritos de un hombre muerto
desde un otoño que se ha ido hace mucho tiempo.

Te llamo y mi súplica se extiende mucho más allá de este aire amargo.

Versión: Esteban Moore
***
Ars poética

Un poema ha de ser palpable y mudo,
Redondo como un fruto,

Silencioso
Como para el pulgar medallones añosos,

Callado igual que mangas que desgastan la piedra
En el musgoso alféizar;

Un poema no ha de tener palabras,
Como un vuelo de pájaros.

Un poema ha de estar inmóvil en el tiempo
Como la luna asciende

Y deja, como suelta
Rama por rama árboles que en la noche se enredan,

Deja, como la luna tras las hojas de invierno,
Recuerdo por recuerdo el pensamiento;

Un poema ha de estar inmóvil en el tiempo
Como la luna asciende.

Un poema ha de ser igual a esto:
No es cierto.

Por toda historia de dolor
Una hoja de arce y un vacío portal.

Por amor
Las hierbas inclinadas, dos luces sobre el mar.

Un poema no ha de significar
Sino ser.

Versión de Andrés Sánchez Robayna
***
Epístola para ser dejada en la Tierra

... Ahora hace más frío,
      hay muchas estrellas,
           flotamos a la deriva
Al norte de la Osa Mayor,
      las hojas caen
El agua es piedra en las rocas excavadas,
       hacia el sur
Sol rojo, aire gris:
       lentamente vuelan los cuervos
Con sus torcidas alas,
       las chovas nos abandonaron:
Desde que dejamos atrás los resplandores de Orión,
En su corazón cada hombre piensa que habrá de morir.
Muchos escribieron sus últimos pensamientos y cartas.
Ninguno sabe si nuestras muertes son pasajeras o eternas:
Ninguno sabe si esa errante tierra será hallada.
Yacemos y la nieve cubre nuestras vestiduras.

Les ruego a ustedes
       a ustedes (si alguien abre este escrito),
Que formen en sus bocas las palabras que fueron nuestros nombres.
Les diré todo lo que hemos aprendido:
        les diré todo:
La tierra es redonda,
         hay manantiales debajo de los huertos.
La arcilla se corta con un cuchillo romo,
         cuídense
De los olmos cuando truena,
         las luces del cielo son estrellas...
Pensamos que no nos ven,
         pensamos también
Que los árboles no nos conocen, que las hojas de la hierba no nos oyen:
También los pájaros son ignorantes.
         No escuchen.
No se detengan en la oscuridad en las ventanas abiertas.
Hemos oído esto antes que ustedes:
         son voces:
No son palabras sino el viento que se levanta.
Tampoco ninguno de nosotros ha visto a Dios.
(... A menudo hemos creído
Que las ráfagas de sol en el tardío y violento temporal
Señalaban un árbol, pero no era así.)
En cuanto a las noches, les advierto que las noches son peligrosas:
De noche cambia el viento y llegan los sueños.

Hace mucho frío,
         hay raras estrellas cerca de Arturo,
Voces gritan en el cielo un nombre desconocido.

Versión: William Shand y Alberto Girri.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char