sábado, 31 de marzo de 2012

No creo que dios sepa quiénes somos

Tomada de wikipedia
TONI MORRISON
Chloe Ardelia Wofford
(Loraine, Ohio, EE.UU., 1931 )



"Las mujeres de la casa lo sabían, y también los niños. Durante años, todos aguantaron la malquerencia, cada uno a su manera, pero en 1873 Sethe y su hija Denver eran las únicas víctimas. Baby Suggs –la abuela- había muerto; los hijos, Howard y Buglar, se largaron al cumplir los trece años… en cuanto bastó con mirar un espejo para que se hiciera trizas (ésta fue la señal para Buglar), en cuanto aparecieron en el pastel dos huellas de manos diminutas (ésta lo fue para Howard). Ninguno de los dos esperó a ver más: ni otra olla llena de garbanzos humeando en el suelo, ni las migajas de galleta esparcidas en línea recta junto al umbral. Tampoco aguardaron la llegada de otro período de alivio: las semanas, incluso meses, en que no había perturbaciones. No. Cada uno de ellos huyó al instante… en cuando la casa profirió el único insulto que para ellos no debía soportarse ni presenciarse por segunda vez."
(Fragmento de Beloved)
***


No creo que dios sepa quiénes somos...
No creo que dios sepa quiénes somos. Creo que, si nos conociera, le gustaríamos, pero me temo que no sabe nada de nosotros.
Pero Él nos creó, señorita, ¿no?
Así es. Pero también creó las colas de los pavos reales. Eso debió de ser más difícil.
Nosotros cantamos y hablamos, señorita. Los pavos reales, no.
Tenemos que hacerlo. Los pavos reales no. ¿Qué más tenemos?
Pensamientos. Manos para hacer cosas.
Sí, muy bien. Pero eso es asunto nuestro, no de dios. Él está haciendo alguna otra cosa en el mundo. No nos tiene en cuenta.
¿Qué hace entonces, si no nos vigila?
Solo él lo sabe.
Y las dos prorrumpieron en risitas como unas chiquillas escondidas detrás del establo que disfrutan con el peligro de su charla.


(Fragmento de Una bendición)
***


“Las veo. A ti y a tu amiga invisible, inseparables en la playa. Ambas están sentadas sobre una manta roja comiendo helado, por ejemplo, digamos que con una cucharita de café de plata, cunado una chica real aparece chapoteando en las pequeñas olas. También te veo caminando por la orilla con una camiseta de hombre en lugar de un vestido, escuchando a la amiga que nadie ve excepto tú. Atenta a unas palabras que solo tú puedes oír cuando una voz real dice ‘Hola, ¿quieres un poco?’. Ahora innecesarias, las amigas secretas desaparecen, pues prefieren al ser de carne y hueso.
Es como cuando los niños se enamoran. De inmediato, sin presentación. Los adultos no prestan mucha atención porque no pueden imaginar nada más majestuoso para un niño que su propio yo, y así confunden la dependencia con la reverencia. Tanto si reparten golosinas y, asustados por las lágrimas, acceden a cualquier capricho, como si dedican su tiempo a asegurarse de que el niño se comporte adecuadamente y se le corrija, con independencia de la clase de padres que sean, su lugar es secundario con respecto al primer amor que elige un niño. Si el encuentro de los niños se produce antes de que conozcan su propio sexo, o cuál de ellos pasa hambre y cuál está bien alimentado, antes de que distingan el color de la falta de color, o a los familiares de los desconocidos, entonces se da una mezcla de sometimiento y sublevación sin la que jamás pueden vivir.”
(Fragmento de Amor)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char