domingo, 25 de junio de 2017

Y arrojé al niño al caldero con una tristeza inexpresable

Ambrose Gwinett Bierce

(Meigs, Ohio, Estados Unidos, 1842-México, 1914¿?)

El hombre que no tenía enemigos   
Una Persona Inofensiva que paseaba por un lugar público, fue atacada por un Desconocido, con un Garrote, y severa­mente golpeada.
Cuando el Desconocido con un Garro­te fue sometido a juicio, su víctima dijo al Juez:
–Ignoro por qué me atacó; no tengo un enemigo en el mundo.

–Esa –dijo el acusado– es la razón por la que lo golpeé.

–El prisionero queda absuelto –dijo el juez–; un hombre que no tiene enemigos, no tiene amigos. Los tribunales no se hi­cieron para esta gente.
***
La mujer boba
Una mujer casada cuyo amante quiso abandonarla y escapar, consiguió un revólver y lo mató.
-¿Por qué lo hizo, señora? –preguntó un policía que justo pasaba por allí.
-Porque era un perverso –respondió la mujer casada- y se había comprado un boleto para Chicago.
-Hermana –dijo solemnemente un cura que pasaba por allí-, matarlos no es la forma indicada para impedir que los perversos se vayan a Chicago.
***
Aceite de perro
Me llamo Boffer Bing. Mis respetables padres eran de clase muy humilde: él fabricaba aceite de perro y mi madre tenía un pequeño local junto a la iglesia del pueblo, en donde se deshacía de los niños no deseados. Desde mi adolescencia me inculcaron hábitos de trabajo: ayudaba a mi padre a capturar perros para sus calderos y a veces mi madre me empleaba para hacer desaparecer los «restos» de su labor. Para llevar a cabo esta última tarea tuve que recurrir con frecuencia a mi talento natural, pues todos los guardias del barrio estaban en contra del negocio materno. No se trataba de una cuestión política, ya que los guardias que salían elegidos no eran de la oposición; era sólo una cuestión de gusto, nada más. La actividad de mi padre era, lógicamente, menos impopular, aunque los dueños de los perros desaparecidos le miraban con una desconfianza que, en cierta medida, se hacía extensible a mí. Mi padre contaba con el apoyo tácito de los médicos del pueblo, quienes raras veces recetaban algo que no contuviera lo que ellos gustaban llamar Ol.can. Y es que realmente el aceite de perro es una de las más valiosas medicinas jamás descubiertas. A pesar de ello, mucha gente no estaba dispuesta a hacer un sacrificio para ayudar a los afligidos y no dejaban que los perros más gordos del pueblo jugaran conmigo; eso hirió mi joven sensibilidad, y me faltó poco para hacerme pirata.

Cuando recuerdo aquellos días a veces siento que, al haber ocasionado indirectamente la muerte de mis padres, tuve la culpa de las desgracias que afectaron tan profundamente mi futuro.

Una noche, cuando volvía del local de mi madre de recoger el cuerpo de un huérfano, pasé junto a la fábrica de aceite y vi a un guardia que parecía vigilar atentamente mis movimientos. Me habían enseñado que los guardias, hagan lo que hagan, siempre actúan inspirados por los más execrables motivos; así que, para eludirle, me escabullí por una puerta lateral del edificio, que por casualidad estaba entreabierta. Una vez dentro cerré rápidamente y me quedé a solas con el pequeño cadáver. Mi padre ya se había ido a descansar. La única luz visible era la del fuego que, al arder con fuerza bajo uno de los calderos, producía unos reflejos rojizos en las paredes. El aceite hervía con lentitud y de vez en cuando un trozo de perro asomaba a la superficie. Me senté a esperar que el guardia se fuera y empecé a acariciar el pelo corto y sedoso del niño cuyo cuerpo desnudo había colocado en mi regazo. ¡Qué hermoso era! A pesar de mi corta edad ya me gustaban apasionadamente los niños, y al contemplar a aquel angelito deseé con todo mi corazón que la pequeña herida roja que había sobre su pecho, obra de mi querida madre, hubiera sido mortal.

Mi costumbre era arrojar a los bebés al río que la naturaleza había dispuesto sabiamente para tal fin, pero aquella noche no me atreví a salir de la fábrica por miedo al guardia. «Seguro que si lo echo al caldero no pasará nada —me dije—. Mi padre nunca distinguirá sus huesos de los de un cachorro, y las pocas muertes que pueda ocasionar la administración de un tipo de aceite diferente al incomparable Ol.can. no pueden ser importantes en una población que crece con tanta rapidez.» En resumen, di mi primer paso en el crimen y arrojé al niño al caldero con una tristeza inexpresable.

Al día siguiente, y para asombro mío, mi padre nos informó, frotándose las manos de satisfacción, que había conseguido la mejor calidad de aceite nunca vista y que los médicos a los que había enviado las muestras así lo afirmaban. Añadió que no tenía la menor idea de cómo lo había hecho, pues los perros eran de las razas habituales y habían sido tratados como siempre. Consideré mi deber dar una explicación y eso fue lo que hice, aunque de haber previsto las consecuencias, me habría callado. Mis padres, tras lamentar haber ignorado hasta entonces las ventajas que la fusión de sus respectivos quehaceres suponía, pusieron manos a la obra para reparar tal error. Mi madre trasladó su negocio a una de las alas del edificio de la fábrica y mis obligaciones respecto a ella cesaron: nunca más volvió a pedirme que me deshiciera de los cuerpos de los niños superfluos. Como mi padre había decidido prescindir totalmente de los perros, tampoco hubo necesidad de causarles más sufrimientos. Eso sí, aún conservaban un lugar honorable en el nombre del aceite. Al encontrarme abocado, tan repentinamente, a llevar una vida ociosa, me podría haber convertido en un chico perverso y disoluto, pero no fue así. La santa influencia de mi querida madre siguió protegiéndome de las tentaciones que acechan a la juventud, y además mi padre era diácono de la iglesia. ¡Ay! ¡Y pensar que por mi culpa unas personas tan estimables tuvieran un final tan trágico!

Debido al doble provecho que encontraba en su actividad, mi madre se entregó totalmente a ella. No sólo aceptaba encargos para eliminar bebés no deseados, sino que se acercaba a las carreteras y caminos en busca de niños más crecidos, e incluso adultos, a los que conseguía arrastrar con engaños hasta la fábrica. Mi padre, encantado con la superior calidad del producto, también se dedicaba con diligencia y celo a abastecer sus calderos. La transformación de sus vecinos en aceite de perro llegó a ser, en pocas palabras, la pasión de sus vidas; una codicia absorbente y arrolladora se apoderó de sus almas y pasó a ocupar el lugar antes destinado a la esperanza de alcanzar la Gloria, que, por cierto, también les inspiraba.

Se habían hecho tan emprendedores que llegó a celebrarse una asamblea pública en la que se aprobaron varias mociones de censura contra ellos. El presidente hizo saber que en lo sucesivo los ataques contra la población hallarían una contundente respuesta. Mis pobres padres abandonaron la reunión con el corazón partido, sumidos en la desesperación y creo que algo desequilibrados. A pesar de ello, creí prudente no acompañarles a la fábrica aquella noche y preferí dormir fuera, en el establo.

Hacia la medianoche, un misterioso impulso me hizo levantarme y espiar a través de una ventana el cuarto en el que, junto al horno, mi padre dormía. Los fuegos ardían vivamente, como si la cosecha del día siguiente fuera a ser abundante.

Uno de los enormes calderos hervía lentamente, con un misterioso aire de contención, en espera de la hora propicia para desplegar todas sus energías. La cama estaba vacía: mi padre se había levantado y, en camisón, estaba haciendo un nudo en una soga. Por las miradas que lanzaba hacia la puerta de la habitación de mi madre, adiviné lo que estaba tramando. Mudo e inmóvil por el terror, no supe qué hacer para evitarlo. De pronto, la puerta de la alcoba se abrió sin hacer el menor ruido y los dos, algo sorprendidos, se encontraron. Mi madre también estaba en camisón y blandía en la mano derecha su herramienta de trabajo: una larga daga de hoja estrecha.

Ella, como mi padre, no estaba dispuesta a quedarse sin la única oportunidad que la actitud poco amistosa de los ciudadanos y mi ausencia le dejaban. Por un instante sus miradas encendidas se cruzaron e inmediatamente saltaron el uno sobre el otro con una furia indescriptible. Lucharon por toda la habitación como demonios: mi madre gritaba y pretendía clavar la daga a mi padre, que profería maldiciones e intentaba ahogarla con sus grandes manos desnudas. No sé durante cuánto tiempo tuve la desgracia de contemplar aquella tragedia familiar pero, por fin, después de un forcejeo particularmente violento, los combatientes se separaron de pronto.

El pecho de mi padre y la daga mostraban pruebas de haber entrado en contacto. Durante un momento mis progenitores se miraron de la forma más hostil; entonces, mi pobre padre, malherido, al sentir la proximidad de la muerte, dio un salto hacia delante y, sin prestar atención a la resistencia que ofrecía, agarró a mi madre en brazos, la llevó hasta el caldero hirviente y, sacando fuerzas de flaqueza, se precipitó con ella en su interior. En solo un instante los dos desaparecieron y su aceite se unió al del comité de ciudadanos que habían traído la citación para la asamblea del día anterior.

Convencido de que estos desafortunados acontecimientos me cerraban todas las puertas para llevar a cabo una carrera honrada en aquel pueblo, me trasladé a la conocida ciudad de Otumwee, desde donde escribo estos recuerdos con el corazón lleno de remordimiento por aquel acto insensato que dio lugar a un desastre comercial tan espantoso.
***
Un diagnóstico de muerte
—No soy tan supersticioso como algunos de tus doctores de ciencia, como te has complacido en afirmar —dijo Hawver, replicando una acusación que no había sido hecha— Algunos de ustedes, sólo algunos, admito, creen en la inmortalidad del alma, y en apariciones que tu no tienes la honestidad de llamar fantasmas. No diré que tengo la convicción que los vivos pueden ser vistos donde no están, en sitios donde han caminado, donde vivieron, quizás tan intensamente, como para dejar sus impresiones en todo lo que los rodea. Lo se, ciertamente, es posible que un ambiente pueda ser tan afectado por la personalidad de una persona como para impresionar, mucho después, una imagen de uno mismo a los ojos de otro. Indudablemente la personalidad impresa tiene que ser el tipo justo de personalidad y los ojos perceptores tienen que ser el tipo justo de ojos, los míos por ejemplo.

—Si, el tipo justo de ojos, impresiones convincentes del lugar erróneo del cerebro. —dijo el Dr. Frayley, sonriendo.

—Gracias; uno disfruta al tener sus elucubraciones confirmadas; esto es en réplica de lo que yo supongo que haría alguien civilizado.

—Perdón, pero dices que lo sabes. Es algo fácil de afirmar, ¿no lo crees? Quizás tu no pensarás en el problema de decirme como lo supiste.

—Tu lo llamarías una alucinación —dijo Hawver— pero no es tal cosa.

Y le contó la historia.

El último verano, como sabes, fui a pasar la temporada a la ciudad de Meridian. Los parientes cuya casa intentaba habitar estaban enfermos, así que busqué otros cuartos. Luego de algunas dificultades renté una de las habitaciones vacantes que había sido ocupada por un excéntrico doctor llamado Mannering, quien se había ido varios años atrás. Él había construido una casa y había vivido allí durante diez años, acompañado por un viejo sirviente. Su práctica, no muy extensa, lo tuvo ocupado durante algunos años. Él también se vio abstraído de la vida social y se convirtió en un recluso. Me lo contó un doctor del pueblo, que fue la única persona que tuvo alguna relación con él, que durante su retiro, se hizo devoto de una única línea de estudio, el resultado de lo que él expuso en un libro que no fue recomendado a la aprobación de sus colegas médicos, quienes, sin embargo le consideraron no enteramente sano.

No he visto el libro y no puedo recordar su título, pero me dijo que exponía una extraña teoría. Él decía que era posible que una persona de buena salud pudiera pronosticar su propia muerte con precisión, varios meses antes del evento. El límite, creo, eran dieciocho meses. Hubo cuentos locales sobre que había ejercido sus poderes de pronóstico, que quizás tu llames diagnóstico; y que las personas a las que advirtió el deceso, murieron súbitamente en el plazo fijado, sin causa conocida. Todo esto, por cierto, no tiene nada que ver con lo que te dije; pienso que puede divertir a un médico.

La casa estaba amueblada, como él había vivido ahí. Era una oscura morada para alguien que había sido un recluso más que un estudiante, y creo que me dio algo de su carácter, quizás algo del carácter de su anterior ocupante; siempre sentí una cierta melancolía que no estaba en mi disposición natural, según creo, debido a la soledad. No tenía sirvientes que durmieran en la casa, pero siempre tuve la adicción, como tu sabes, a la lectura. Cualquiera que fuera la causa, el efecto fue un rechazo y un sentido de mal inminente; esto fue especialmente en el estudio del Dr. Mannering, a pesar de que esta habitación era una de las más luminosas y aireadas de la casa. El retrato de tamaño real del doctor parecía dominarlo completamente. No había nada inusual en la foto; el hombre evidentemente lucía bien, unos cincuenta años de edad, con un cabello gris metalizado, una cara recién afeitada y unos ojos oscuros y serios. Algo en la imagen siempre absorbía mi atención. La apariencia del hombre se convirtió en familiar para mí, hasta podría decir que me hechizó.

Una tarde estaba paseando a través de esta habitación para ir a mi dormitorio, con una lámpara (no había gas en Meridian). Me paré, como era usual, frente al retrato, que parecía a la luz de la lámpara cobrar una nueva expresión, no fácilmente descriptible, pero realmente escalofriante. Me interesé pero no me inquieté. Moví la lámpara de un lado a otro y observé los efectos de alterar el punto de iluminación. Mientras estaba tan absorto sentí un impulso en voltearme. Y cuando lo hice ¡observé a un hombre que se movía a través de la habitación y se dirigía hacia donde yo estaba!

Tan pronto como él se acercaba a la lámpara su rostro se iluminó, y vi que era el Dr. Mannering en persona; ¡era como si el retrato estuviera caminando!

Le pido disculpas —dije, algo fríamente—, pero si usted golpeó no lo escuché.

Él me pasó, dentro de una braza, extendió su dedo índice como en advertencia, y sin una palabra, se marchó de la habitación, a pesar de que observé su ida no más que lo que vi su entrada.

Por supuesto, no necesito decirte que esto puede ser lo que tu llamarías una alucinación y lo que yo llamo una aparición. Esta habitación tiene solo dos puertas, una de las cuales estaba cerrada; la otra llevaba al dormitorio, desde donde no había otra salida. Mi sentimiento sobre esto es que no es una parte importante del incidente.

Indudablemente esto te parecerá un lugar común. Si así fuera, no te lo habría contado, aún si hubiera sido verdad. Pero el hombre no está muerto; lo conocí hoy mismo en la Calle Unión. Me cruzó entre una multitud.

Hawver finalizó su historia y ambos hombres se quedaron callados. El Dr. Frayley distraídamente golpeó la mesa con sus dedos.

—¿Te dijo algo hoy —preguntó—, alguna cosa que te haya hecho inferir que no estaba muerto?

Hawver lo miró fijamente y no respondió.

—Tal vez —continuó Frayley—, él hizo alguna señal, un gesto, alzó un dedo. Es un truco que él tenía, un hábito cuando decía algo serio, anunciando el resultado de un diagnóstico, por ejemplo.

—Si, lo hizo, su aparición lo hizo. Pero, ¡por Dios! ¿Lo conocías?

Hawver estaba poniéndose aparentemente nervioso.

—Lo conocí. Leí su libro, como todo médico de hoy en día. Es una de las más importantes contribuciones del siglo a la ciencia de la Medicina. Si, lo conocí; lo traté en su enfermedad durante los últimos tres años. Él murió.

Hawver buscó una silla, visiblemente incómodo. Dio un par de zancadas y se sentó. Luego se dirigió a su amigo, y en una voz no muy clara, dijo:

—Doctor, ¿tiene usted algo para decirme como médico?

—No, Hawver; tú eres el hombre más saludable que conocí. Como amigo te recomiendo que vayas a tu habitación. Tocas el violín como un ángel. Tócalo, toca algo alegre y jovial. Ten este maldito asunto fuera de tu mente.

Al siguiente día Hawver fue hallado muerto en su habitación, el violín en su cuello, el arco sobre las cuerdas, su música se escuchó antes de la Marcha Fúnebre de Chopin.


sábado, 24 de junio de 2017

Que tus contornos te quieran

Juan Manuel Serrat
(Barcelona, España, 1943)



A una encina verde

Y de haber nacido en la tierra baja
pudo ser timón y volverse al mar.
Pudo ser rueda y ver mundo,
ser mango, cuna o altar.
Pudo ser ceniza y humo

o pudo, simplemente, no haber nacido
donde manda el roble, pero ahí nació
desafiando las reglas,
consentida por el sol.
Más cerca de las estrellas.

De abrazarse al suelo,
a pelear la tierra con los aguaceros,
de rellenar grietas
con bojes, tomillos y enebros,
de andar huyéndole al hacha
que el amo blande ligero...,
nudos amargos duelen en tus maderas,
encina verde.
Que tus contornos te quieran,
que te respete la muerte.

Que es bueno que cuando el haya enrojece
y los caminos mudan de color,
entre esqueletos de robles,
salpiques con tu verdor
las palideces del bosque.

De abrazarse al suelo,
a pelear la tierra con los aguaceros,
de rellenar grietas
con bojes, tomillos y enebros,
de andar huyéndole al hacha
que el amo blande ligero...,
nudos amargos duelen en tus maderas,
encina verde.
Que tus contornos te quieran,
que te respete la muerte. 

viernes, 23 de junio de 2017

Tiene un ropaje de sombras

José Asunción Silva

(Bogotá, Colombia, 1865-Ib., 1896)

El mal del siglo

El paciente:
Doctor, un desaliento de la vida
que en lo íntimo de mí se arraiga y nace,
el mal del siglo... el mismo mal de Werther,
de Rolla, de Manfredo y de Leopardi.
Un cansancio de todo, un absoluto
desprecio por lo humano... un incesante
renegar de lo vil de la existencia
digno de mi maestro Schopenhauer;
un malestar profundo que se aumenta
con todas las torturas del análisis...

El médico:
—Eso es cuestión de régimen: camine
de mañanita; duerma largo, báñese;
beba bien; coma bien; cuídese mucho,
¡Lo que usted tiene es hambre!...
**
Monólogo
 A Ricardo Cano Gaviria

La ciudad que me rodea
Y se duplica en los charcos de la lluvia
Tiene un ropaje de sombras.
El viento que viene del páramo de Cruz Verde
Con su negro levitón nocturno
Rasguña los vitrales de la casa,
Se cuela en los campanarios,
Golpea
Los aldabones de bronce de La Candelaria.
                                        Ese viento, mi alma es ese viento. 

Entre cercanos silencios
Resuenan las guerras del país
Mientras tintinea el quinqué
Con el que alumbro mis confusos libros
De comercio.
                                        Ese viento, mi alma es ese viento. 
Los corrillos de seres embozados
Murmuran a mi paso. Figuras fijas al paisaje,
Estatuas de nieve a la entrada de una iglesia,
Maniquíes
Apenas movidos por el frío cuchillo del
Páramo.
                                        Ese viento, mi alma es ese viento. 
¿Quién dibuja en mi blusa el mapa del corazón?
¿Quién traza un centro a la ruta de mi fiebre?
La hermana muerta atraviesa el patio:
Su voz ya pertenece
A las construcciones secretas del vacío.
                                        Ese viento, mi alma es ese viento. 

La aldea despereza su piel de adormidera,
Filtra una luz en los costados de la plaza
A una hora en que la ciudad parece viva.
Hablo de su lentitud, de su pasmosa fijeza:
Mientras concluye el gesto de un hombre
Que lleva de la mesa a la boca su pocillo,
Cruza la eternidad, el mundo cambia de
Estaciones,
Pasan las guerras, hay futuros en fuga
Y el hombre no termina el ademán
Que funde sus labios a la taza de café.

Todos parecen tocados del embrujo,
Acaso miren en su quietud
El pajaro invisible
Que les señala un oculto retratista.
Y de nuevo, el viento.


                                        Ese viento, mi alma es ese viento. 

Un disparo más, dirá el vecindario,
Un disparo más en las eternas guerras
Del olvido.
La vida, esa feroz bancarrota.

**
Filosofías

De placeres carnales el abuso,
de caricias y besos,
goza, y ama con toda tu alma, iluso;
agótate en excesos.

Y si de la avariosis te librara
la sabia profilaxia,
al llegar los cuarenta, irás sintiendo
un principio de ataxia.

De la copa que guarda los olvidos
bebe el néctar que agota:
perderás el magín y los sentidos
con la última gota.

Trabaja sin cesar, batalla, suda,
vende vida por oro:
conseguirás una dispepsia aguda
mucho antes que un tesoro.

Y tendrás ¡oh placer! de la pesada
digestión en el lance,
ante la vista ansiosa y fatigada
las cifras de un balance.

Al arte sacrifícate: ¡combina,
pule, esculpe, extrema!
¡Lucha, y en la labor que te asesina,
lienzo, bronce o poema

pon tu esencia, tus nervios, tu alma toda!
¡Terrible empresa vana!
pues que tu obra no estará a la moda
de pasado mañana.

No: sé creyente, fiel, toma otro giro
y la razón prosterna
a los pies del absurdo: ¡compra un giro
contra la vida eterna!

Págalo con tus goces; la fe aviva;
ora, metida, impetra;
y al morir pensarás: ¿Y si allá arriba
no me cubren la letra?

Mas si acaso el orgullo se resiste
a tanta abdicación,
si la fe ciega te parece triste,
confía en la razón.

Desprecia los placeres y, severo,
a la filosofía,
loco por encontrar lo verdadero,
consagra noche y día.

Compara religiones y sistemas
de la Biblia a Stuart Mill,
desde los escolásticos problemas
hasta lo más sutil.

De Spencer y de Wundt, y consagrado
a sondear ese abismo
lograrás este hermoso resultado:
no creer ni en ti mismo.

No pienses en la paz desconocida.
¡Mira! al fin, lo mejor
en el tumulto inmenso de la vida
es la faz interior.

Deja el estudio y los placeres; deja
la estéril lucha vana,
y, como Çakia-Muni lo aconseja
húndete en el Nirvana.

Excita del vivir los desengaños
y en soledad contigo
como un yogui senil pasa los años
mirándote el ombligo.

De la vida del siglo ponte aparte;
del placer y el amigo,
escoge para ti la mejor parte
y métete contigo.

Y cuando llegues en postrera hora
a la última morada,
sentirás una angustia matadora
de no haber hecho nada...

jueves, 22 de junio de 2017

Arabesco del cero

Beatriz Vignoli

(Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina, 1965) 



Cero

Le dijo al matemático paranoico
su tercera alucinación: "da cero".
Era el nombre del número perfecto,
el despejarse de todo signo superfluo,
la ausencia de todo melodrama, el fin
de todo desequilibrio, la cesación
de toda misericordia y toda deuda:
la magnitud ausente, la libertad
del ser respecto del ente,
el aquietarse de la balanza,
el cero.
Ser
cero.
Nada que contar;
salvar los gastos.
Salir derecho,
subir lo que se baja.
Habitar la frontera.
Justo en el borde, pero
no marginal: ni adentro
ni afuera.
Arabesco del cero.
No ser ya más quien pierde
ni quien gana.
No estorbar ‑se nos pide‑
la caída en el tiempo,
el tráfico de las cosas.
¿O qué credibilidad puede tener
esta alucinación: el nombre propio?
¿Qué valor asignar
al puro esfuerzo humano
si el valor es el ser,
el cero,
esa boquita abierta en medio de la serie
y que los romanos ignoraron
tan olímpicamente, la boquita redonda
del esclavo,
ese ano,
el cero?
Y ‑para ahorrar‑ morimos.
Horror de Dios,
que sobra.
**
Árbol solo
a Manuel Musto

Pero ah ese mosh virtual
de llamar a todos tus amigos
zambulléndote en un océano de voces,
adivinando en ellas cada cuerpo,
la tibieza de cada cuerpo en la voz
y decirles que hay trazos como árboles,
árboles como trazos y que la música
se parece al fin a todo.
O ese riff visible del ramaje
‑un alma en las líneas del aire‑
o decirles de aquel idioma extranjero
al que trataste con la misma desapegada
dulzura que a un amante
pero no decirles esto último
y no lograr jamás lavarte del todo
de las explanadas de cemento, las horas
de guardia, la espera de la muerte;
y en el cuadro hay sólo un árbol solo,
un chico y una chica lo contemplan
escuchando a Meat Puppets,
la música y el trazo forman una
misma corteza áspera
y el pintor desde algún lugar del tiempo
‑un pintor muerto, pero nunca se sabe‑
es al fin comprendido,
es amado
y se salva.

De Árbol solo (Iván Rosado, 2017).  




miércoles, 21 de junio de 2017

Capaz de maullar

IDA VITALE
(Montevideo, Uruguay, 1923) 

La palabra infinito es infinita,
la palabra misterio es misteriosa.

Ambas son infinitas, misteriosas.
Sílaba a sílaba intentas convocarlas
sin que una luz anuncie su dominio,
una sombra señale a qué distancia de ellas
está la opacidad en que te mueves.

Van a algún punto del resplandor y anidan, 
cuando las dejas libres en el aire, 
esperando que un ala inexplicable 
te lleve hasta su vuelo. 

¿Es más que su sabor el gusto de la vida? 
**
Vértigo

Varada velocísima en
tu borde,
veraz de veras,
en vilo, en vela
virando hacia,
en ti guarecida,
guarnecida quiero seguir
imaginando cómo se amanece,
capaz de maullar
por las azoteas del frío
o del ardor final,
feliz naciendo
de la diaria muerte.
**
Cirugía de invierno

Lo dicho queda, cala,
corroe la leve pulpa que otro construye a solas,
como en la fronda que el otoño ataca.
Porque el otoño seca las hojas
de manera bellísima:
deja en el aire las puras nervaduras,
ésas casi invisibles
en las que reparábamos apenas
y evapora esa verde sustancia que era,
para nosotros, hoja.
Así de pronto terminan los verdores.
Hay que arrastrar cadáveres amados
y consentir el lujo
de la infinita dilación indecisa
y el filo que mutila la voz, la tolerancia.

martes, 20 de junio de 2017

No era realmente un ser humano, sino un lobo de estepa

HERMANN HESSE
(Calw, Alemania, 1877-Montagnola, Suiza, 1962)

El lobo estepario
(Fragmentos)

Erase una vez un individuo, de nombre Harry, llamado el lobo estepario. Andaba en dos pies, llevaba vestidos y era un hombre, pero en el fondo era, en verdad, un lobo estepario.

Había aprendido mucho de lo que las personas con buen entendimiento pueden aprender, y era un hombre bastante inteligente. Pero lo que no había aprendido era una cosa: a estar satisfecho de sí mismo y de su vida. Esto no pudo conseguirlo.

Acaso ello proviniera de que en el fondo de su corazón sabía (o creía saber) en todo momento que no era realmente un ser humano, sino un lobo de estepa.

Que discuten los inteligentes acerca de si era en realidad un lobo, si en alguna ocasión, acaso antes de su nacimiento ya, había sido convertido por arte de encantamiento de lobo en hombre, o si había nacido desde luego hombre, pero dotado del alma de un lobo estepario y poseído o dominado por ella, o por último, si esta creencia de ser un lobo no era más que un producto de su imaginación o de un estado patológico. (...)
El hombre simpático, pero sentimental, que canta la canción del niño dichoso, quisiera volver también a la naturaleza, a la inocencia, a los principios, y ha olvidado por completo que los niños no son felices en absoluto, que son capaces de muchos conflictos, de muchas desarmonías, de todos los sufrimientos.
(...)

_Tú llevabas dentro de ti una imagen de la vida, estabas dispuesto a hechos, a sufrimientos y sacrificios, y entonces fuiste notando poco a poco que el mundo no exigía de ti hechos ningunos, ni sacrificios, ni nada de eso, que la vida no es una epopeya con figuras de héroes y cosas por el estilo, sino una buena habitación burguesa, en donde uno está perfectamente satisfecho con la comida y la bebida, con el café y la calceta, con el juego de tarot y la música de la radio. Y el que ama y lleva dentro de sí lo otro, lo heroico y bello, la veneración de los grandes poetas o la veneración de los santos, ése es un necio y un quijote. 

ANOTACIONES DE  HARRY HALLER
Sólo para locos

El que haya gustado los otros días, los malos, los de los ataques de gota o los del maligno dolor de cabeza clavado detrás de los globos de los ojos, y convirtiendo, por arte del diablo, toda actividad de la vista y del oído de una satisfacción en un tormento, o aquellos días de la agonía del espíritu, aquellos días terribles del vacío interior y de la desesperanza, en los cuales, en medio de la tierra destruida y esquilmada por las sociedades anónimas, nos salen al paso, con sus muecas como un vomitivo, la humanidad y la llamada cultura con su fementido brillo de feria, ordinario y de hojalata, concentrado todo y llevado al colmo de lo insoportable dentro del propio yo enfermo; el que haya gustado aquellos días infernales, ése ha de estar muy contento con estos días normales y mediocres como el de hoy; lleno de agradecimiento se sentará junto a la amable chimenea y con agradecimiento comprobará, al leer el periódico de la mañana, que no se ha declarado ninguna nueva guerra ni se ha erigido en ninguna parte ninguna nueva dictadura, ni se ha descubierto en política ni en el mundo de los negocios ningún chanchullo de importancia especial; con agradecimiento habrá de templar las cuerdas de su lira enmohecida para entonar un salmo de gratitud mesurado, regularmente alegre y casi placentero, con el que aburrir a su callado y tranquilo dios contentadizo y mediocre, como anestesiado con un poco de bromuro; y en el ambiente de tibia pesadez de este aburrimiento medio satisfecho, de esta carencia de dolor tan de agradecer, se parecen los dos como hermanos gemelos, el monótono y adormilado dios de la mediocridad y el hombre mediocre algo encanecido que entona el salmo amortiguado.
***
No duró mucho tiempo, acaso un cuarto de hora; volvió en sueños aquella noche, y desde entonces, a través de los días de tristeza, surgía radiante alguna que otra vez de un modo furtivo; lo veía a veces cruzar claramente por mi vida durante algunos minutos, como una huella de oro, divina, envuelta casi siempre profundamente en cieno y en polvo, brillar luego otra vez con chispas de oro, pareciendo que no había de perderse ya nunca, y, sin embargo, perdida pronto de nuevo en los profundos abismos. Una vez sucedió por la noche que, estando despierto en la cama, empecé de pronto a recitar versos, versos demasiado bellos, demasiado singulares para que yo hubiera podido pensar en escribirlos, versos que a la mañana siguiente ya no recordaba y que, sin embargo, estaban guardados en mí como la nuez sana y hermosa dentro de una cáscara rugosa y vieja. Otra vez tomó la visión con la lectura de un poeta, con la meditación sobre un pensamiento de Descartes o de Pascal; aún en otra ocasión volvió a surgir, estando un día con mi amada, y a conducirme más adentro en el cielo. ¡Ah, es difícil encontrar esa huella de Dios en medio de esta vida que llevamos, en medio de este siglo tan contestadizo, tan burgués, tan falto de espiritualidad, a la vista de estas arquitecturas, de estos negocios, de esta política, de estos hombres! ¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención? No puedo aguantar mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico, rara vez un libro moderno; no puedo comprender qué clase de placer y de alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas, en las exposiciones universales, en las carreras, en las conferencias para los necesitados de ilustración, en los grandes lugares de deportes; no puedo entender ni compartir todos estos placeres, que a mí me serían desde luego asequibles y por los que tantos millares de personas se afanan y se agitan. Y lo que, por el contrario, me sucede a mí en las raras horas de placer, lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo más que si acaso en las novelas; en la vida, lo considera una locura. Y en efecto, si el mundo tiene razón, si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.

domingo, 18 de junio de 2017

Lo irreal

ALBERTO GIRRI

(Buenos Aires, 1919-1991)

A la poesía entendida como una manera de organizar la realidad, no de representarla

Lo que en ella place
place a la índole de las cosas,
inicialmente dirigidas a nadie,
y en esencia visiones,
        y la reflexión
determinando que impulsos, ideas oscuras,
cobren análogo peso, homologadas
en sentencias que otras 
sentencias transforman,
        apremiadas
por lo que la poesía exige,
lo que el poema
ha de ofrecer a la vista,
afectar a los sentidos,
        lo que tendrá
de móvil ofrenda
en un mundo estático,
y lo que el paisaje, los millones
de universales gestos piden,
        ser formulados
en tejidos de perenne duración, claros
de diseño, voces modificando
hábitos de conceptos y categorías,
        y atendiendo
a que más allá de la verdad
está el estilo,
perfeccionador de la verdad
porque en sí lleva
la prueba de su existencia.
Escríbela,
        extrae de ese orden
tus objetos reales,
mayor miseria
que morir o la nada
es lo irreal, lo real sin objetos.  

sábado, 17 de junio de 2017

Oh, baja el dedo didáctico!

ROQUE DALTON
(El Salvador, 1935-1975)

Vals

Clima emitido por un   
clavicordio en lontananza  
perdiendo el tiempo  
como el que arroja perejil  
a las medusas  
ángeles desdentados te acompañen  
mas no por accidente  
sino por no pinnípedos  
metal de cálices para hacer espéculos  
feto de títere yo quiero que tu me lleves  
al tambor de la alegría  
Y mi alma será sana  
para unos cuantos años más. 
**
LA CABEZA CONTRA EL MURO
CONCLUSIÓN FILOSÓFICO-MORAL
La materia es dura,
la materia es indestructible:
por lo tanto
la materia es incomprensiva,
la materia
es cruel.
**
TABERNA
(CONVERSATORIO)
Los antiguos poetas y los nuevos poetas
han envejecido mucho en el último año:
es que los crepúsculos son ahora aburridísimos
y las catástrofes, harina de otro costal.

Por las calles que aprendo de memoria
cuerpos innumerables hacen la eterna música de los pasos
-un sonido, he aquí, que jamás podrá reproducir la poesía-.
Y todo, ¿para qué?
Para que su eco polvoso se aglomere
en éste que fue patio de reyes!

No me vengan a hablar del misterio, desvelados,
amantes de ancianidad especial
a quienes el mundo parece deber pausas:
¿alguien resolvió el del ombligo?

No lo dice por ponerse grosero,
ni yo trato de subrayar su gusto dudoso,
pero, en verdad, ¿alguien resolvió el misterio
de un agujero tan simpático?
Ruta del origen, mucho más importante
que las dobles políticas para sobrevivir,
¿carga de qué energía retenida
en su nudo al revés?

DITIRAMBO SALIVOSO DEL ASNO, GEOMETRÍA,
DE MEDIO PELO: CASI SÓLO EL OLVIDO ES FUENTE DE PERFECCIÓN.
Y EL SOSIEGO, ESA ELEGÍA DE LOS PEORES MODALES.

Vale más una ronda de cerveza,
una elevada voz de nostalgia
clamando por la brisa del mar,
la mención recatada de las tetas de Lucy,
algún gesto salvaje
que borre cualquier erróneo respeto
en nuestro derredor.

HURRA! CLAMAMOS POR UNA PATRIA DE INFANTES SALUTADORES,
UN PAÍS SUNTUOSO Y PURO COMO EL VASO DE LECHE
DONDE LA COLEGIALA MIDE SU CUTIS DEPLORABLE:
NINGUNA COMPLICACIÓN, PROFILAXIS DE LA CONCIENCIA, DEBER
SÓLO ANTE NUESTRA RAZA INOCENTE.

OS DIGO QUE ESTÁ LOCO: ES DE CONFIAR.

Los astrólogos son unos farsantes.
Perdón: quería decir eso de los astrónomos.

QUEDAS TEMPORALMENTE PERDONADO, SANTO-BUEY-MUDO, CALMATE.

En cualquier forma, los tiempos cambian,
esa es una verdad concreta como el alpiste:
cuando yo era católico (antes de 1959) el sexo tenía mucha gracia
pero la manía del espíritu científico
me lo echó todo a perder.
No todos sus fiascos fueron preciosos accidentes
en el venerado gabinete de Química,
derrotas a mi talento ganadas por el solenoide,
embrollos por la función del músculo risorio de Santorini.

POR CIERTO QUE PROFETIZO FRAGORES DE SERIO ESTETICISMO:
ANTES DEL GOULASH SUPLICADO
VENDRÁN MUCHAS PALABRAS SONORAS:
PÁMPANO, ILUMINACIÓN DE LA OROPÉNDOLA, ETCÉTERA.

Insisto: no recuerdo un round mejor
que luego de los ejercicios espirituales,
hembras mejores que las que conseguíamos en la misa de las once.

NACÍ DENTRO DEL SOCIALISMO:
SI A ESO SUMAMOS MIS LECTURAS FURTIVAS DE JOYCE,
MI DERECHO A DECIRTE LO SIGUIENTE RESPLANDECE:
REPITES
IDEAS DEMASIADO VIEJAS.
LA SALVACIÓN DEL ALMA, LA HERÁLDICA:
ES DE GRAN ELEGANCIA BOSTEZAR.

Bueno: eso es otra cosa: el taxi es una gran institución,
sólo se diferencia del verano en el sol y otras hierbas;
yo personalmente le tengo mucho respeto, no obstante
ligeras diferencias.


BUENOS PADRES DE FAMILIA DEL MUNDO, UNÍOS!
NO TENÉIS NADA QUE PERDER, SÓLO LAS GANAS DE NO HACERLO!

Otro invento crucial es el temperamento:
lo prefiero a las tarjetas de visita
porque es noble como los cubitos de hielo de un club inglés,
tanto más placenteros cuando en la calle la tormenta amenaza.

Oh Lucy, ¿por qué no me clasificas
entre los insectos que amas?
Todo es cuestión de atravesarme el cuello
con un alfiler de mi tamaño
y colgarme entre las crisálidas
con un hermoso rotulito blanco: sábado.
El aire tibio entre tu ropa y tu juventud
es el aceite que me he destinado, oh equivocado dolor,
pues en tus ojos surgen bocanadas de un humo invisible
cual si confesaras de pronto ser hija de una religión prohibida.
Peregrino eterno pero dejado de la sabiduría
persigo tu verdad, que es falsa y bella.

LOS POETAS COMEN MUCHO ÁNGEL EN MAL ESTADO,
Y SI ME ALEJO DE ELLOS ALGÚN DÍA ALGUIEN ME DARÁ LA RAZÓN:
PARA MÍ CHURCHILL, EL GRAN CHUPA-HUMO DEL SIGLO,
UNA ESTRELLA DE FÚTBOL COMO PELÉ,
UN PASTOR DE ALMAS,
UNA JUEZ,
ALGUIEN QUE TENGA SU EJE SIN UN RICTUS DE TIRABUZÓN.

Espigo en tu alma, amor mío, en mis sueños,
y la primavera no depende de que huya el invierno:
mi naturaleza cobarde persigue siempre una solución
y en la fecha señalada para asolear la sangre
cuidará de que anochezca nublado
y de que todos los cuchillos estén en el fondo del mar.

TENER UN EJE EN LA VIDA ES LO MÁS IMPORTANTE DEL MUNDO,
LA PRUEBA ESTÁ EN QUE EL MUNDO TIENE TAMBIÉN EL SUYO:
AH, QUÉ POBRE GORDITO, LO QUE LE PASARÍA SIN ÉL!

CREÍ QUE SE ME HABÍA DETENIDO EL CORAZÓN!

CARTAS YA LEÍDAS,
JOYERÍA DAÑOSA DE LOS BOLSILLOS,
MEADAS DEL BUHO DOCTORAL EN LOS HONGOS DE LA BORRACHERA,
¡FUERA DE AQUÍ!

En las paredes, frescos de fechas olvidadas
son fanfarrias brillantes en loor a la cerveza,
moral irrompible la que nos atisba desde el fondo del polvo (repito)
como el dinero de los hombres en la casa del caracol.

Espulgo tu alma, amada mía, y de mis ensueños
surgen volátiles huevos de piojos
iguales a ínfimas pompas de jabón hechas con una aguja hipodérmica.
Regio: creo
que he perdido el tren:
caen todas las puertas
y la noble visión de tu lecho resplandece más y más.

LA VIDA MODERNA SÓLO TIENE SALIDA PARA LOS SANTOS
SOBRE TODO PARA LOS SANTOS METIDOS A GIGOLÓS
QUE SE ANUNCIAN CON VILES TROMPETAS
MIENTRAS ENHEBRAN CUARENTA Y SIETE FESTEJOS DE ÓRDAGO
(ASÍ SE FORMAN LOS CONJUNTOS MUSICALES MÁS COTIZADOS:
CUESTIÓN DE UBICUIDAD, ELEMENTAL).

Cumple ahora con tu deber de conciencia
(sería igual decir: "tus obsesiones"),
di que pensar en el comunismo bajo la ducha es sano
-y, en el trópico al menos, refrescante-.
O sentencia con toda la barba de tu juventud:
si el Partido tuviera sentido del humor
te juro que desde mañana
me dedicaba a besar todos los ataúdes posibles
y a poner en su punto las coronas de espinas.

PERO ESO ES CONFUNDIR EL PARTIDO CON ANDRE BRETON!

Pero, ¿y la ternura?

PERO ESO ES CONFUNDIR EL PARTIDO CON MI ABUELITA EULALIA!

DE LO QUE SE TRATA ES DE HACER MÁS FRECUENTES
ESTOS RECONFORTANTES VIAJES HACIA NOSOTROS MISMOS,
CONSTRUIRNOS LOS BOSQUES BALSÁMICOS SUFICIENTEMENTE FUERTES
PARA DILUIR SIN DAÑO NUESTRO ALIENTO FUNERAL
DARLE SU CHANCE DE FLORECER AL VIEJO HUESO.

No busques otro camino, loco,
cuando ha pasado la época heroica en un país que hizo su revolución,
la conducta revolucionaria
está cerca de este lindo cinismo
de bases tan exquisitas:
palabras, palabras, palabras.
Excluida toda posibilidad de terminar con las manos callosas,
claro está,
o el corazón calloso, o el cerebro.

SOY ORFEO. Y SEGÚN LAS REGLAS DEL JUEGO
NO ME QUEDA OTRO CAMINO QUE DESCENDER:
EL FUTURO QUE NOS HACE SUDAR NO ES COSA NUESTRA,
ES COMO LA SERPIENTE DEL ENCANTADOR
CUANDO ALGUIEN HABLA DE PAZ APROVECHANDO EL SOL
MUCHO MEJOR QUE EL RESTO DEL MUNDO,
ENTRE LOS SACROSANTOS FOLCLORES DE PENTHOUSE.

GARRA HUMEANTE, LENGUA
DE PÚAS,
OJO COMO UNA TRAMPA,
AIRES DE LA DEVORACIÓN,
RUIDOS TRIUNFALES:
¿QUÉ COLOR QUEDA?
¿QUÉ COLOR FALTA PARA CERRAR
EL VÉRTIGO DE LA MONOTONÍA?

Vale más otra ronda de cerveza,
una tranquila voz nostálgica
clamando por la prisa, a la par
que señale la lentitud en el baile de Lucy.

Oye: ¿por qué no te mueres, pero de verdad?
Oye: ¿por qué no hacemos un pacto de coraje,
pero de verdad, de verdad?

NOS UNIFORMA EL CEÑO HOSTIL,
BRUTALES MUCHACHITOS DE ILUSTRE DICCIÓN!

EN CUBA NO SERÁ ASÍ!
EN AMÉRICA LATINA NO PODRÁ SER ASÍ!
EN NINGUNA PARTE DEL MUNDO HAY PUMAS
O DA EL SOL SOMBRA ROSADA
O FLAMEA LA CÓLERA COMO UNA BANDERA VERDE,
POR ESO.

Todo podría ser tan sencillo
si no insistiera el hombre
en discutir su asunto con el bien y el mal:
clorato de potasio, ácido sulfúrico y gasolina:
lleno eres de gracia en tu frágil botella,
los señores caen contigo
(ya no se diga con las bazukas en la hora
de las bazukas),
bendito eres,
bendito será el fruto de tu llama:
porque el problema no es incendiar el mar.

Muy bien, pero aún queda el camino de Juan XXIV. (No exageres.)
No exagero: el coraje es la mitad de la vida.
La otra mitad es la táctica.

AQUÍ, EN SECRETO: ACUÉRDATE:
CUANDO SUPISTE DE LA SECTA ORIENTAL
CUYOS MIEMBROS SE CORTAN A SÍ MISMOS
EL DEDO MEÑIQUE,
NO COMPRENDISTE QUE, COMO TODOS, ESE RETO ERA PARA NOSOTROS:
NO BASTA CON DECIR QUE SON UNOS IMBÉCILES
TE JURO QUE SI TÚ TE CORTARAS EL DEDO MEJOR QUE YO
SERÍA TU LACAYO POR CATORCE AÑOS
Y PODRÍAS HACER TUYOS
MIS MEJORES PROVERBIOS.

SENECA, ESE MASOQUISTA ESPAÑOL.

LOS POETAS SON COBARDES CUANDO NO SON IDIOTAS,
NO DEPENDE DE MÍ.
AHORA TODOS ELLOS ESCRIBEN NOVELAS
PORQUE YA NADIE TRAGA LOS SONETOS,
ESCRIBEN SOBRE LA MARIGUANA
Y OTROS EQUÍVOCOS MENOS BRUMOSOS
PORQUE YA NADIE QUIERE SABER NADA DEL FUTURO.
Y QUÉ MALEABLES SON:
SI COMENZÁRAMOS A CORTARNOS LOS DEDOS,
MILES DE NARICES POÉTICAS
IBAN A QUEDARSE SIN SU VIEJA CARICIA ÍNTIMA.

NO HABLEMOS MÁS DE POLÍTICA.

Bien: las remolachas se pudren en el campo por falta de brazos.
Bien: pensemos en el suicidio con los sesos del sexo.
Bien: desde la punta del mejor tulipán la primavera nos contempla.
Bien: tu patria ideal sería un bosque de monumentos de mármol amarillo.

La política se hace jugándose la vida
o no se habla de ella. claro
que se puede hacerla sin jugarse
la vida,
pero uno suponía que sólo en el campo enemigo.
Al menos así debería de ser:
si al comprar mi almanaque no hice mal negocio
estamos ahora en 1966.

ATENCIÓN, CORO VACUO, MI DEDO ÍNDICE SEA
VUESTRA ESTRELLA DE BELÉN:
"A UN SOLDADO QUE LUCHA EN LA FRONTERA,
CATALINA ENTREGÓ SU CORAZÓN... "

Ironizar sobre el socialismo
parece ser aquí un buen digestivo,
pero te juro que en mi país
primero hay que conseguirse la cena.

NO HAY DUDA: ES UN COBARDE:
SÓLO EL CINISMO NOS HARÁ LIBRES, REPITO,
CITANDO IDEAS VUESTRAS.

Esta conversación podría recogerse como un poema.

¿PARA QUÉ? ¿CREES QUE ASUSTARÍAS A ALGUIEN?

No. Las únicas personas que todavía se asustan
son los organizadores de los boy-scouts
y sólo con respecto a unas culebras centroamericanas
llamadas tepolcúas.
Yo lo decía porque
cualquier blasfemia
revela su elevado sentido moral
si le construyen una estética de respaldo.

ADEMÁS ESTÁ EL PROBLEMA DE LA SINTAXIS,
UNO DEBE DARSE SU PUESTO.

Aquí tienes a Sartre traído de los cabellos como un sedante:
"Nombrar las cosas es denunciarlas".

EL PROBLEMA ES QUE SER:
EL CÁNCER O EL CANCEROSO.

Lucy y nosotros dos en un baúl,
aún salvajemente trucidados
(mejor así precisamente, piénsolo).
Lucy se lo merece todo
y yo no le llegaría completo sin tu amistad.

Ya ves cómo la guerra no es el mayor de los desperdicios:
cuando te parte el vientre
la cuarta parte de una granada
¿deviene obligatorio amar al resto
que mató al más cercano de los enemigos?
Es decir, quería preguntar algo mejor que eso: creo
que estoy borracho ya.

AH, CENTAURO:
QUÉ VENTAJAS MANTIENES
AL ENCONTRARTE CARA A CARA CON EL CAZADOR SOLITARIO:
ÉL DEJÓ EN CASA EL PERMISO PARA DISPARAR
Y TÚ ERES TAN SÓLO UNA LEYENDA
PARA HACER TEMBLAR DE GOZO A LOS NIÑOS BAJO LA LUNA.

LAS PAPAS SUBIRÁN UN DOCE POR CIENTO,
LA ROPA SUBIRÁ UN OCHO POR CIENTO,
LOS TRANVÍAS SUBIRÁN UN VEINTE POR CIENTO,
NERUDA SUBIRÁ UN DIECIOCHO POR CIENTO.

MURMURACIONES DE RINCÓN OSCURO,
ACUSACIÓN DESDE LA LUZ GOYESCA.

LA SOLEDAD ES LA MÁS REFINADA TÉCNICA DEL INSTINTO

Qué va, la soledad es cuando se termina
el barril de Amontillado.

La soledad es cuando uno vive en Tegucigalpa.

La soledad es cuando oyes cantar a los compañeros de horda.

LA SOLEDAD ES, PUES, UNA MENTIRA MUY ÚTIL. HE DICHO.

MANCHAS DE SANGRE EN LA BANDERA,
MANCHAS DE BANDERA EN EL CIELO,
MANCHAS DE CIELO EN EL OJO QUE DESPUÉS
TENDRÁS QUE DRAGAR CON LA PUNTA DEL PAÑUELO.

Lucy: hueles a ciertas comidas fuertes de mi país,
lo digo en serio,
sin pensar en las implicaciones más burdas:
hay un momento en que el manjar te llama
y si no has tomado antes el vino justo
jura que te sabrá más amargo cuanto mejor esté.
Lucy: ¿es posible que no leyeras mi carta?
Escucha: no puede ser, pero es:
O honey Baby Feelin'Mighty Low.
A que no bailas eso, Lucy,
exponiéndote a que los extasiados
te sacudan ese precioso culo a cintarazos.

BABA DE DIOS,
BÚFALO DE AGUA,
BÚFALO DE TEMPESTAD:
EL CORAZÓN TIENE TAMBIÉN SUS TRIQUIÑUELAS:
NO ES LA MEJOR TRAER A CUENTAS LA INFANCIA
O SUSPIRAR POR EL CUERVO
COMO EL ANIMAL MÁS LINDO Y LIBRE DE LA CREACIÓN.

Come, engulle tu papa
y di que se trata sólo del ochenta por ciento:
en Viet Nam llueve
y nadie alza el punto de vista de la higrometría.

En las cuevas cuídate de las serpientes, vaquerito,
o de las púas envenenadas:
no del cáncer de tu tío o el reumatismo de tu abuelo
o la jaqueca crónica de la que te parió.
Los pequeños demonios pálidos son los hermanos del poeta
que levantará odas felices a tu morir miserable.

¿Vale más otra ronda de cerveza?

TODA LA LITERATURA DEL SIGLO PASADO ES LITERATURA INFANTIL:
DOSTOIEVSKY ES UNA ESPECIE DE WALT DISNEY
QUE SOLAMENTE CONTÓ CON UN ESPEJO:
NO LO PUSO EN UN CAMINO
SINO ANTE LA BOCA ABIERTA
DE QUIENES RECIÉN VOMITARON SU ALMA.
AHORA SERÍA COLECCIONISTA DE SELLOS Y DE GATOS
Y EN VIET-NAM SEGUIRÍA LLOVIENDO
SOBRE LAS GRANDES PIRAS DE NAPALM.

¿Quiere eso decir: "en la medida que hagamos
literatura adulta
dejará de llover sobre las grandes pilas de napalm",
o es que has caído en los vericuetos de la terrible
línea china?

Ríete, ya recrudecerá el invierno.
Fríete, ya recrudecerá el infierno.

YO RESOLVÍ PARA SIEMPRE EL PROBLEMA DE LA ETERNIDAD,
LOS TEÓLOGOS SON UNOS TARADOS TEMIBLES:
LA RESPUESTA AL PROBLEMA DE LA ETERNIDAD
CONSISTE EN PREGUNTAR UNA VEZ MÁS Y UNA VEZ MÁS: ¿Y DESPUÉS?

CADA PALABRA ES SU CONTRARIA MORTAL
COMO MANDRAKE EL MAGO EN EL MUNDO DE LOS ESPEJOS.

Oculta esas rodillas, Lucy.

NO: YO NO ESTOY CON LOS CHINOS.
METER LA PODADORA EN EL JARDÍN DE LAS FLORES ABIERTAS
NO VA CONMIGO.
TAMPOCO LO DE QUE EL ENEMIGO PÚBLICO
NÚMERO UNO SEA LA ERECCIÓN
Y QUE LA PAZ SÓLO ES MAGNÍFICA EN LA CAMA.
QUÉ TONTOS SON: EL ENEMIGO PÚBLICO NÚMERO UNO
NO ES EL REVISIONISMO O EL SEÑOR JOHNSON,
EL KUKLUXKLÁN, LA CARRERA ARMAMENTISTA
O LOS TORTURADORES DE LOS GOBIERNOS DE AMÉRICA LATINA:
EL ENEMIGO PÚBLICO NÚMERO UNO ES EL SMOG.

Pastora de panteras:
tu nombre saldrá a relucir.

QUITA ESA MANO DE ENCIMA!

AS DE OROS: PUEDES QUEMAR TODAS LAS OTRAS CARTAS.

¿Me quieres obligar a decir que la literatura no sirve para nada?

IDIOTA: ¿ES ACASO UNA LEYENDA ESO DE QUE
LAS BIBLIAS FORRADAS DE ACERO DETIENEN LAS BALAS 45?

¿Qué horas son? La noche tiene hoy un color descorazonador:
En el fondo somos gente muy conservadora:
hablamos de la revolución y nos enorgullece de inmediato
considerar que moriremos con toda seguridad.
La prudencia no te hará inmortal, camarada,
y se sabe que el suicidio sana al suicida...
Oh, Dios mío, Dios mío:
¿por qué no tomas por tu cuenta la revolución mundial?
Excepto los obispos polacos, todo el mundo
te lo vería muy bien.

VOY A HACER ALGO QUE NADIE PUEDE HACER POR MÍ: MEAR.

CUALQUIERA PUEDE HACER DE LOS LIBROS DEL JOVEN MARX
UN LIVIANO PURÉ DE BERENJENAS,
LO DIFÍCIL ES CONSERVARLOS COMO SON,
ES DECIR,
COMO ALARMANTES HORMIGUEROS.

EL SUEÑO
NO DEBERÍA HACERME OLVIDAR MIS SUEÑOS:
CAMINAR ALEGRÍSIMO EN LA CUERDA FLOJA DEL ECUADOR,
VOLVER A CASA DISFRAZADO DE COMERCIANTE GRIEGO.

CLARO, TAMBIÉN EL TABACO ES UN GRAN ENEMIGO
Y LAS TABLETAS ESAS QUE PONEN A GOZAR A LAS PREÑADAS:
LA EDICIÓN CUBANA DE PROUST, ESA VIOLETITA MUSTIA,
NO APORTA NADA A LA CUESTIÓN DEL CÁNCER PULMONAR
PERO TAMPOCO LOS PRESERVATIVOS HAN SERVIDO PARA NADA MEJOR
QUE PARA LOS COLLAGES DEL POP-ART.

No deberías ser fatuo:
cualquier pregunta clara te puede hacer caer:
dime los nombres de todos los estados del África, ese mercado negro.

PARIENTES EN EL ANÁLISIS SALVAJE,
OH CÓMO SOMOS INDERROTABLES:
SI NO FUERA POR EL AFÁN DE CONCRETAR DE TODO PRÓJIMO!

¿POR QUÉ NO HABLAMOS DE LOS POETAS CÓSMICOS,
DE LA ECUACIÓN QUE MARCO POLO REPRESENTA,
DEL ORDEN ALFABÉTICCO EN SHANGHAI?

Lo único que sí puedo decirte es que
la única organización pura que
va quedando en el mundo de los hombres
es la guerrilla.
Todo lo demás muestra manchas de pudrición.

La Iglesia Católica comenzó a heder
cuando las catacumbas se abrieron a los turistas
y a las más pobres putas
hace más de diez siglos:
si Cristo entrara hoy en el Vaticano
pediría de inmediato una máscara contra gases.
La Revolución Francesa siempre fue un queso Roquefort.
El movimiento comunista internacional ha venido sopesando
la gran mierda de Stalin.

¿QUÉ TE BUSCÁS? ¿UN SOPLAMOCOS?

No es que quiera decir que los jóvenes
seamos los ángeles del decoro:
hemos aprendido rápido
y también somos unos buenos hijos de puta,
la diferencia es que tenemos estos ratos de ocio.

HAY QUE TENER UN POCO DE MORAL,
NI QUIEN LO PONGA EN DUDA.
LA MORAL ES ALGO ESTUPENDO
CUANDO UNO NO TIENE GANAS DE NADA.

Saca tu clarín, muñeca,
anuncia al mundo tus propósitos purísimos
que, entre otras cosas, me arruinarán la noche soñada.

-No, yo dije que más o menos,
lo que he pensado aorita me tomaría una hora por decir.
Arte es lo que nos produce placer:
cuando Otelo estrangula a Desdémona
nos da placer, se da placer y da placer a Desdémona.
Además los actores ganan un espléndido sueldo
y es fama que Shakespeare no sufrió mientras escribía la escena.

No, no: el arte es un lenguaje
(el realismo socialista quiso ser su esperanto:
cosas del mundo de Madame Trépat, Berthe Trépat).
Lo clásico es una dictadura imbécil:
tantos siglos para desembocar en el violín de Ingres
(la técnica, que nos ha regalado la adorable bomba atómica,
no se quedó enredada con la escopeta de Ambrosio,
que aprenda el arte).
Lucy: eres de una frialdad a prueba de bombas.

Los comunistas deberíamos conocer de finanzas:
hacer proselitismo entre los millonarios
haría por lo menos que cada célula de barrio tuviera
pian, litografías de Dresden, aspiradora eléctrica.

LLEGARON LAS LANGOSTAS DE LA HABANA, TODO UN BARCO.

Y ya que hablamos de eso, pregunto:
los días
de la totalidad, los siglos
del dulce hartazgo,
los milenios de la alegría obligatoria:
¿no son una suerte de obscena promesa
hecha por alguien que nos conoce el lado flaco?

TENER FE ES LA MEJOR AUDACIA
Y LA AUDACIA ES BELLÍSIMA.

PERO ES QUE LA HUMANIDAD ES UN CONCEPTO PARA ONANISTAS.
PORQUE NO HAY HÉROES POSIBLES
CUANDO LA TEMPESATAD OCURRE
EN UN OSCURO MAR DE MIERDA.

LA INMORTALIDAD PUEDE SER BIEN PEQUEÑA MEZ-
QUINA PUEDE SER.

MENOS CIEGOS BUSCANDO CON LA BOCA
EL FLACO PECHO DE LA VIDA, SOMOS.
PEDIMOS LA LECHE DE LA CONCIENCIA
Y SÓLO NOS SEÑALAN SU PRECIO ALTÍSIMO,
INALCANZABLE COMO EL SINIESTRO AMOR
ENTRE HERMANOS.

NO EXAGERES.

NO EXAGERO. SIEMPRE HUBO LA POSIBILIDAD DE DECIR:
ESTO ES MARAVILLOSO, ÓPTIMO, GENIAL,
PERO A MÍ NO ME GUSTA
(LO CUAL ES MARAVILLOSO, ÓPTIMO, GENIAL).

ESO ES VER LAS COSAS EN EL TIEMPO,
EL PROBLEMA ES QUE PARA MÍ SÓLO LA FURIA ES LA PAZ.

No quiero hacer el Ángel-Guardían-de-sobacos-sabios,
pero pasa que tienes el complejo más antiguo:
el del Glorioso
Trabajador de la Gran Pirámide.
Has puesto tu granito de arena
y quieres que te regalen la cerveza el resto de la vida,
exigiendo además una debida ceremonia.

EN ESTE INSTANTE ALGUIEN ESTÁ MURIENDO POR TU CAUSA.

Vale más una ronda de cerveza
en esta época del caos de oro,
una temblante voz nostálgica
clamando por la misa del bar.

Lucy: tendríamos un gran porvenir:
mis emociones contigo están se-di-men-ta-das.

PERCIBIR LO QUE ESTÁ EN EL AIRE ES EL PROBLEMA:
EL GENIO ES CUESTIÓN DE FOSAS NASALES PARA OLFATEAR
EN LAS BOCACALLES DE LA HISTORIA.

ENGORDE Y NO JODA MÁS, DOCTOR.

EL POETA GINGSBERG SE ACOSTÓ CON CATORCE MUCHACHOS
UNA NOCHE EN PRAGA.

Ese no es un poeta maricón,
ese es un tragaespadas de feria
-con lo que siempre me gustó "Aullido"-.

FORASTEROS DEL MONO, DORÁIS
DE SACRILEGIO LAS MAROMAS DE LAS MONJAS.

Bueno: no te falta más que hablar del budismo Zen,
es la moda.

CORRECTO: EL BUDISMO ZEN ES UNA EXPERIENCIA MAGNÍFICA,
SIEMPRE Y CUANDO TE LLEVE PAULATINAMENTE AL TERRORISMO.

Oh, baja el dedo didáctico!

PERO ESO ES PEOR QUE EL ANARQUISMO,
HASTA AHORA CAIGO EN LA CUENTA,
DIGO, ESO QUE DIJISTE HACE UN RATO EN LA GUERRILLA.
¿GUERRILLA PARA QUÉ CLASE DE MUNDO?

AH, EXTRAVIADO:
ASÍ COMO LA BLASFEMIA ES LA RATIFICACIÓN DE DIOS,
EL ANARQUISMO ES LA RATIFICACIÓN DE UN ORDEN QUE SE MUERE
DE RISA.
ESCOGER ENTRE LOS MUNDOS POSIBLES: HE AHÍ EL CASTIGO DIVINO.

Tengo miedo de dormir solo
con ese libro de Trotsky en la mesa de noche:
es terrible como una lámpara,
como un cubo de hielo
en el espíritu del anciano resfriado.

LA MARCA DE REBELDÍA RESPLANDECE EN EL TRASERO:
LA PROBLEMÁTICA DE LA INOCENCIA.
¿ES QUE SOMOS ALGO MÁS QUE NIÑOS?

¿HABRÍA QUE REZAR? ¿NO CREES?
EL AMOR: CUESTIÓN DE LUBRICANTES.

PONER BOMBAS EN LA NOCHE DE LOS IMBÉCILES,
OCUPACIÓN DE OUT-SIDERS, SEGUROS DUEÑOS
DEL REINO DE LOS CIELOS.

Lucy, me has partido el corazón,
me has dejado para siempre la cara entre las manos.

Oh país en pañales!
Oh hijos del Hombre, uncidos a la noria,
sonrientes y sonrosados!
Apenas alcanza el dinero
para la última ronda de cerveza...

Oh, Dios mío, Dios mío,
¿no podrías ser Tú quien pasara la noche con ella?

U'Fleku, Praga, 1966.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char